lunes, 23 de noviembre de 2009

Una Más De Las Sapientes Ideas de Monsi...

Carlos Monsiváis


Lo que quiso decir mientras hablaba


22 de noviembre de 2009

La confusión era general, la torre de Babel de las frases que se volvían bumeranes. El fenómeno llevaba tiempo de existir. Antediluviano, pero agudizado en los últimos días. Y una tarde, en una discusión en la Cámara de Diputados, ocurrió lo irremisible: cada una de las partes contendientes le pidió a sus rivales la explicación de lo que decían porque no entendían ni una palabra. El presidente de la cámara aseguró que él tampoco entendía ni madre (eso sí se entendió aunque no se supo a qué se refería), aunque ya estaba acostumbrado a no agarrar la onda porque en ningún sitio dormía tan plácidamente como en ese sillón. Poco tiempo después quedó al descubierto la verdad: de tanto desconfiar de los críticos, de tanto darle crédito a sus improvisaciones, nadie descifraba las voces ajenas. El laberinto de Babel. El conflicto se agudizó cuando vino un debate primordial (la asignación de recursos), que exigía saber lo que alguien, quien fuera, decía. Inútil. Todos contestaban con furia a lo que nadie había dicho. Y lo que pasaba en la cámara se trasladó a otros espacios notables. Ningún político de los reconocidos se expresaba de modo inteligible, y la palabra inteligible provocaba estupor: “¿Es un albur?”.


De nada sirvió un listado de vocablos útiles y frecuentes. Luego de juntar dificultosamente 100 palabras, se vio que eran muchos los que no entendían la mitad. El asunto se complicaba con los políticos de gran relieve (no es alusión corporal). De emergencia se crearon oficinas de “Lo que quiso decir el funcionario”, para responder a las críticas por expresiones inconvenientes o muy torpes. Se llegó al grado de mandar las explicaciones de lo que quiso decir antes de que el funcionario en cuestión hablara. Tampoco se entendían disculpas, y los encargados de redactarlas confesaron que ellos tampoco estaban al tanto de las intenciones del funcionario, el mismo que en confianza confesaba que a él, por demócrata, lo gobernaba el discurso. Se instalaron las oficinas de “Me citaron fuera de contexto”, que como las de “Lo que quiso decir el funcionario” se volvieron redes burocráticas. El mensaje político, el que hubiera, no llegó a lado alguno. De nada sirvió que los poderosos acudieran a los juegos infantiles: “Quefe tefe pafa safa”.


El conflicto de las frases envueltas en las brumas de los siglos llegó a la sociedad, esa secretaria adjunta del poder. Al principio afectó a los que veían noticiarios y trataban de agarrarle la onda a los políticos, los magistrados, los eclesiásticos, los empresarios. Esos se adhirieron muy pronto al criptoñol, un idioma que tuvo mucho éxito en la Edad Media, y que usaron los servicios de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial. El criptoñol se trasladó al país entero. Los amigos ya no se entendían, hubo pleitos frecuentes porque al no captarse las preguntas se respondía con un “No” o un “Sí” fuera de lugar. El marido, tal vez con propósitos salaces, declaraba a su ferviente esposa: “Tan hemos cumplido con lo que la ciudadanía, es decir, a propósito de lo cual, los empresarios, por qué no, se opusieron, es decir, me apoyaron, es decir, boicotearon, lo que ni siquiera me propuse, somos la cuarta economía del planeta neta y la primera que allí sigue; en la medida de las fuerzas contingentes, te convoco, ¿faltaste a la conjunción debida, Patricia?”. Y la aludida, que creía que le expresaban las ganas de salir de vacaciones, decía simplemente “Sí”, y el balazo se producía de inmediato.


* * *

La influencia del lenguaje del poder resultó catastrófica: en los negocios se entregaba lo que el cliente no había pedido, en las reuniones de los partidos políticos todos creían que las investigaciones sobre corrupción iban en serio y aseguraban que si se habían beneficiado era por amor a México, los viajeros llegaban al aeropuerto y, de modo invariable, se encontraban rumbo a Timbuktú (donde ya hay una colonia mexicana llamada “Perdón, fui una loca, me ofusqué”), los médicos operaban de sarampión, las inauguraciones de edificios tardaban años porque los funcionarios no sabían que aún no estaban las construcciones, en las universidades el maestro explicaba anatomía a estudiantes de química. Como el criptoñol dominaba, nadie propuso la refundación del idioma y de la lógica. Si alguien lo propuso, nadie se enteró pues el misterio lo regía todo.


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Un grupo de ingeniosos, que acababan de regresar a México y todavía no los dominaba el criptoñol, imaginaron un negocio formidable que de inmediato se posicionó en el mercado. Estos audaces empresarios, que ya no usaban la palabra y chateaban para comunicarse en el mismo cuarto, hallaron la solución: un sistema de alta tecnología, con terminales en cada persona, que consistía en un display en el que, con servicio de traducción simultánea, el usuario daba a conocer lo que tal vez había querido decir, o no pero daba igual. No fue fácil ni barato. Cometieron errores graves, como lanzar propuestas indecorosas que querían ser demostraciones de amistad. Sin embargo, con el tiempo, y no sin algunas defunciones y pleitos a golpes, los displays cumplieron su función. Por fin la gente de la vida diaria se liberaba del criptoñol, aunque los poderosos, por vanidad o por el gusto a no confesar que no sabían lo que estaban diciendo, se negaron al display. ¡Qué se le va a hacer! Roma no se deshizo en un día.


Resueltas las vías de comunicación entre personas, sólo faltaba enterarse de lo que decía la clase gobernante. Se recomendaron fórmulas ancestrales, las señales de humo, o mímica de programas de concursos, o coros que transformasen en cánticos las declaraciones: “Ay, oyente, no te rajes”. Las señales de humo no se podían traducir y dos funcionarios murieron asfixiados, la mímica daba lugar a equívocos, y los coros cantaban lo que les daba la gana, lo que no hubiera estado mal si hubiesen coincidido con los discursos y declaraciones, pero nunca era el caso. La angustia crecía y la sociedad sufría, especialmente cuando las restricciones de la energía eléctrica suspendían el uso de los displays.


Esto sucedió hace unos años. No hubo manera de vencer al criptoñol y la República se transformó en una muchedumbre de signos y señales que evidenciaban el fin del uso de la palabra, que alguna vez sirvió para algo, aunque ya nadie está al tanto de para qué. Y yo, escribano humilde, admito que es la última vez que anoto signos sobre la página. Si soy descubierto, se me tratará sin piedad, y si se sabe que entiendo, más o menos, lo que digo, seré desterrado a la Isla de las Conjuras Verbales. Triste destino de las ganas de entender.


Escritor
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/46406.html 



La Oligarquía Mexicana Quiere Tirar al Pelele...

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¡Ora Sí! De que la perra es brava hasta los de la casa muerde…

Lo que escribe el jijo de la chingada (era puta de barriada) de Ricardo Alemán nos da la razón en nuestra diaria crítica al sistema oligárquico de desgobierno de México. Por una parte, el vendido de Alemán casi afirma, que el FECAL terminará psiquiátricamente loco, y por otra, asegura que la oligarquía dueña del dinero (la misma que probablemente a él le paga) está analisando la manera de tirarlo de la silla. Al menos lerolico, lleva un fregadal de años afirmando que quien manda en México son los barones del dinero. En tiempos de Plutarco Elías Calles, como ya sabemos, también él impuso como presidente a un pelele, y entonces se decía, que el presidente (pelele) vive aquí, pero el que manda viven enfrente, refriéndose a Calles. Hoy es lo mismo, el pelele espurio vive en Los Pinos, pero la oligarquía que manda vive enfrente. 

Nos acusa el lameculos de Alemán, a quienes apoyamos a AMLO, que hemos hecho lo imposible por tirar al pelele FECAL: esa es una soberana mentira, tal cual las que acostumbra a ladrar este MENDIGO perro. No se ha roto un vidrio en las manifestaciones en contra del espurio, y hemos insistido hasta cansarnos que nunca debió de reconocerse al FECAL como presidente (voto x voto) y como tal no lo reconocemos. Al rato, el guey del Alemán, sin duda, nos echará la culpa del estallido social que viene: así son estas lacras sociales que escriben para venderse (puto al fin) al mejor postor. 

Este cabrón del Alemán, arrea sus velas pa donde sopla el viento (el PAN lo alimentó y ahora le muerde la mano). Hoy sopla el viento hacia el PRI, seguramente el (puto) Alemán estará pronto a lamer el culo de PEÑA NIETO… pues con su PAN se lo coma…
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Ricardo Alemán 
Itinerario Político
22 de noviembre de 2009

Vive Calderón los peores momentos

Cuando se aproxima al último tercio de su gestión, Felipe Calderón vive uno de los momentos más difíciles: niveles históricos de pobreza y desempleo, la mayor crisis fiscal en décadas, el derrumbe de los ingresos petroleros, la pérdida del liderazgo en América Latina y, por si fuera poco, una severa crítica de cinco premios Nóbel al manejo de la crisis económica

No puede ser un presidente aislado
Suicida apostar a su debilitamiento



Cuando se aproxima al último tercio de su gestión, Felipe Calderón vive uno de los momentos más difíciles: niveles históricos de pobreza y desempleo, la mayor crisis fiscal en décadas, el derrumbe de los ingresos petroleros, la pérdida del liderazgo en América Latina y, por si fuera poco, una severa crítica de cinco premios Nóbel al manejo de la crisis económica.

Pero esa sólo es una parte de sus dificultades. Desde hace semanas es público un impensable choque con poderosos empresarios —a causa de la política fiscal—, a los que acusó de no pagar impuestos, por un lado, y luego de tirar su propuesta de Ley de Ingresos. Tampoco es todo.

Intramuros del PAN, el grupo de Santiago Creel torpedea —un día sí y otro también—, las decisiones del gobierno de Felipe Calderón, en tanto que el otrora grupo compacto de Calderón ya no lo es tanto, sobre todo ante la urgencia de catapultar al presidenciable rumbo al 2012. En el fondo la debilidad del gobierno de Calderón se expresa en su incapacidad para construir un sucesor confiable. Bueno, que Manuel Espino sea el único que abiertamente acepte ser presidenciable muestra el tamaño de la crisis. Y del ridículo de Espino, claro.

EL SOLITARIO DE PALACIO

Algo extraño ocurre con el presidente Calderón que es motivo de preocupación de la clase política. En cafés y comederos es recurrente la pregunta: ¿Qué le pasa a Calderón? Y es que corrió como pólvora una ofensiva portada mediática, además de la insensibilidad del presidente, en su más reciente visita a Ciudad Juárez —en donde no hizo una sola alusión a la violencia y la criminalidad en Chihuahua, lo que motivó fuertes editoriales de la prensa local—, y por si faltara, cayó como balde de agua fría la severa crítica del Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, quien dijo que México es el que peor manejó la crisis global. Todo ello en medio de muy malas noticias; más desempleo, más pobreza, menos petróleo, menos inversión, más enojo social... Días complicados para Calderón quien, sin embargo, parece ausente ante la andanada de malas noticias apenas cruzada la primera mitad del sexenio. ¿Dónde está el Presidente?, es otra de las interrogantes frecuentes.

Si acusó a los grandes empresarios de no pagar impuestos y tirar su Ley de Ingresos, ¿por qué no le explica a los ciudadanos lo que existe en el fondo?. Pero debe más a los gobernados. ¿Por qué no explica a los mandantes las razones de su gobierno para decidir por tal o cual ruta frente a la crisis? ¿Por qué no responde él y directo a los Nóbel, a la OCDE, a la CEPAL? ¿Por qué no ofrece disculpas a los habitantes de Chihuahua? Y es que por grave que sea la situación del país, el Presidente no puede permanecer ajeno, como si nada, a las malas noticias, a la crítica, a los errores y desaciertos. ¿Por qué? Fácil, porque a nadie conviene un Presidente ausente.

TODOS CONTRA CALDERÓN

Sobre todo cuando parece que buena parte de la clase política y empresarial se ha alineado contra él. Lo combaten y hasta insulta parte del empresariado nacional, sobre todo los grandes capitales; lo combaten y limitan buena parte del PRI y los gobernadores; lo combaten y parecen los más interesados en tumbarlo sus adversarios del PAN. El Presidente parece atrapado por los que antaño fueron sus aliados, y que hoy parecen dispuestos a tumbarlo.

No es una novedad que desde que se creó el llamado “gobierno legítimo” y desde que su “presidente legítimo” se aventó esa puntada, el objetivo de AMLO y su claque —especialmente Porfirio Muñoz Ledo—, era ese; tirar del gobierno a Calderón. A los ojos de todos ese grupo le apostó al golpe de Estado. Pero con todo lo cuestionable que resulte el método y lo ridículo que sea para la clase política toda, lo cierto es que los “legítimos” poco o nada hicieron. En realidad AMLO destruyó más a la izquierda que al gobierno de Calderón. Esa es su mayor victoria.

En cambio, disfrazados de aliados, los grandes capitales, los poderosos evasores, los marrulleros gobernadores y los ambiciosos líderes del PRI y el PAN, parecen enarbolar la guadaña contra Calderón. Ya sabemos que AMLO y su “legítima” vacilada gritan por todo el país que es momento de tirar a Calderón. Pero lo que pocos saben, es que la verdadera “mano que mece la cuna” para debilitar a Calderón podría estar en los grandes capitales, los poderosos gobernadores, líderes del PRI, del PAN y de la ultraderecha.

Nadie en su sano juicio o preocupado por el país le puede apostar al debilitamiento del gobierno de Calderón. Empujar ese objetivo --en medio de una pradera seca--, sería igual a apostar por el estallido social, al suicidio. Nadie debe permitir la irresponsabilidad de debilitar aún más al gobierno, a las instituciones, venga de la derecha, la izquierda, el empresariado, el viejo PRI... Apostar por la debilidad del gobierno es apostar por el caos.



http://www.eluniversal.com.mx/opinion.html

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