Nicté Bustamante (@Nykte)
En 1908 durante la entrevista con el periodista norteamericano Creelman, el presidente Porfirio Díaz explicándose a sí mismo, se miraba como el último de los hombres necesarios en la historia del México... Díaz pensaba entonces que su sucesor legitimo, el único posible, debería surgir de la organización de los mexicanos en verdaderos partidos políticos; de la lucha electoral libre y abierta. El pueblo mexicano, dijo en ese entonces Don Porfirio, estaba apto para la democracia... En 1910 Francisco I Madero publicó "La Sucesión Presidencial". (Historia Mínima de México, Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.)
Sangre y más sangre... después de esto, en México lo que hemos vivido es eso. Hojear el libro de Editorial Clío "La Cristiada", de Jean Meyer me produjo un vivo impacto: las fotos, las miradas, los tiempos, los espacios.
México es un país tremendamente violento y esa es una realidad que tenemos que aceptar para poder cambiar. Me queda completamente claro que no podemos hacer cambios radicales, pero es un hecho que es imposible lograr algo cuando se carece de conciencia histórica. Cuando olvidamos nuestro pasado solemos repetirlo. Por eso debemos tenerlo consciente para favorecer que en un futuro no repitamos lo mismo.
Mirar las imágenes de la gente colgada de los postes de Telégrafo a lo largo de la vía del ferrocarril al sur de Jalisco, recordar los ahorcados de Cuernavaca y de muchos otros lugares... Esas fotos que se han vuelto comunes en los periódicos y que hoy en día, generan el estremecimiento de nosotros como sociedad. O las dos cabezas de combatientes del regimiento libres de Huejuquilla, que el General Vargas ostenta con ostensible orgullo. Para mí son fotos frescas en mi memoria, pues apenas vi una foto similar donde dos policías hacían lo propio con cabezas de supuestos narcos. Claro que antes se peleaba por ideologías; pero ahora se pelea por dinero, por poder y por drogas. Si el México posterior al de las muertes revolucionarias y cristeras apenas logró construir una sociedad tan violenta como la nuestra, no deseo saber qué va a pasar con la sociedad dentro de veinte años. Creo que tenemos pocas posibilidades de erradicarla.
Desde luego que una gran parte de la sociedad nos mantenemos en pie de guerra contra la violencia, aprendemos y enseñamos cómo vivir y mantenernos sin violencia. Deseamos vivir un México sin cabezas cortadas y sin muertos en todos lados. Es un hecho que nuestra sociedad tiene que romper los círculos viciosos en que nos hemos involucrado. Ahora el reto es saber cómo lograrlo. Yo deseo romper mis propios círculos viciosos, trascenderlos; pero es muy complejo, aunque no imposible.
Dijo Porfirio Díaz hace más de cien años: "Yo recibí el mando de un ejército victorioso, en época en que el pueblo se hallaba dividido y sin preparación para el ejercicio de los principios de un Gobierno democrático. Confiar a las masas toda la responsabilidad del gobierno, hubiera traído consecuencias desastrosas que hubieran producido el descredito de la causa del Gobierno libre."
Contenida dentro del libro "Breve Historia de la Revolución Mexicana", de Jesús Silva Herzog, Editorial Fondo de Cultura Económica, que cité también en párrafo anterior, en la famosa entrevista, Creelman hace una impactante pregunta que tiene como respuesta una fundamental reflexión que bien podría aplicarse en nuestros días:
"Generalmente se sostiene que en un país que carece de clase media no son posibles las instituciones democráticas --dije yo.
"El presidente Díaz volviose con ligereza, y mirándome fijamente me contesto: Es cierto. México tiene hoy clase media, lo que no tenía antes. La clase media es, tanto aquí como en cualquier otra parte, el elemento activo de la sociedad. Los ricos están siempre, harto preocupados con su dinero y dignidades para trabajar por el bienestar general, y sus hijos ponen muy poco de su parte para mejorar su educación y su carácter, y los pobres son ordinariamente demasiado ignorantes para confiarles el poder. La democracia debe contar para su desarrollo con la clase media, que es una clase activa y trabajadora, que lucha por mejorar su condición y se preocupa con la política y el progreso general."
¿Muy interesante, no? Yo me pregunto, ¿acaso hemos cambiado demasiado? Sería bueno plantearnos si la opinión de Díaz fuese diferente en este 2010... Mejor continuaré escudriñando la historia, a ver qué encuentro. Creo que olvidarla es auto condenarse a repetirla, como alguien dijo.
Sangre y más sangre... después de esto, en México lo que hemos vivido es eso. Hojear el libro de Editorial Clío "La Cristiada", de Jean Meyer me produjo un vivo impacto: las fotos, las miradas, los tiempos, los espacios.
México es un país tremendamente violento y esa es una realidad que tenemos que aceptar para poder cambiar. Me queda completamente claro que no podemos hacer cambios radicales, pero es un hecho que es imposible lograr algo cuando se carece de conciencia histórica. Cuando olvidamos nuestro pasado solemos repetirlo. Por eso debemos tenerlo consciente para favorecer que en un futuro no repitamos lo mismo.
Mirar las imágenes de la gente colgada de los postes de Telégrafo a lo largo de la vía del ferrocarril al sur de Jalisco, recordar los ahorcados de Cuernavaca y de muchos otros lugares... Esas fotos que se han vuelto comunes en los periódicos y que hoy en día, generan el estremecimiento de nosotros como sociedad. O las dos cabezas de combatientes del regimiento libres de Huejuquilla, que el General Vargas ostenta con ostensible orgullo. Para mí son fotos frescas en mi memoria, pues apenas vi una foto similar donde dos policías hacían lo propio con cabezas de supuestos narcos. Claro que antes se peleaba por ideologías; pero ahora se pelea por dinero, por poder y por drogas. Si el México posterior al de las muertes revolucionarias y cristeras apenas logró construir una sociedad tan violenta como la nuestra, no deseo saber qué va a pasar con la sociedad dentro de veinte años. Creo que tenemos pocas posibilidades de erradicarla.
Desde luego que una gran parte de la sociedad nos mantenemos en pie de guerra contra la violencia, aprendemos y enseñamos cómo vivir y mantenernos sin violencia. Deseamos vivir un México sin cabezas cortadas y sin muertos en todos lados. Es un hecho que nuestra sociedad tiene que romper los círculos viciosos en que nos hemos involucrado. Ahora el reto es saber cómo lograrlo. Yo deseo romper mis propios círculos viciosos, trascenderlos; pero es muy complejo, aunque no imposible.
Dijo Porfirio Díaz hace más de cien años: "Yo recibí el mando de un ejército victorioso, en época en que el pueblo se hallaba dividido y sin preparación para el ejercicio de los principios de un Gobierno democrático. Confiar a las masas toda la responsabilidad del gobierno, hubiera traído consecuencias desastrosas que hubieran producido el descredito de la causa del Gobierno libre."
Contenida dentro del libro "Breve Historia de la Revolución Mexicana", de Jesús Silva Herzog, Editorial Fondo de Cultura Económica, que cité también en párrafo anterior, en la famosa entrevista, Creelman hace una impactante pregunta que tiene como respuesta una fundamental reflexión que bien podría aplicarse en nuestros días:
"Generalmente se sostiene que en un país que carece de clase media no son posibles las instituciones democráticas --dije yo.
"El presidente Díaz volviose con ligereza, y mirándome fijamente me contesto: Es cierto. México tiene hoy clase media, lo que no tenía antes. La clase media es, tanto aquí como en cualquier otra parte, el elemento activo de la sociedad. Los ricos están siempre, harto preocupados con su dinero y dignidades para trabajar por el bienestar general, y sus hijos ponen muy poco de su parte para mejorar su educación y su carácter, y los pobres son ordinariamente demasiado ignorantes para confiarles el poder. La democracia debe contar para su desarrollo con la clase media, que es una clase activa y trabajadora, que lucha por mejorar su condición y se preocupa con la política y el progreso general."
¿Muy interesante, no? Yo me pregunto, ¿acaso hemos cambiado demasiado? Sería bueno plantearnos si la opinión de Díaz fuese diferente en este 2010... Mejor continuaré escudriñando la historia, a ver qué encuentro. Creo que olvidarla es auto condenarse a repetirla, como alguien dijo.
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