![]() | Jairo Calixto Albarrán |
28 septiembre 2010 jairo.calixto@milenio.com | |
Grandes temas sacuden al país como a un ebrio al que van a echar de un bar de mala muerte. La señorita Laura abandona Tv Azteca para acabar de pudrir las pantallas de Televisa; o muere lapidado un edil en Michoacán, cosa que documenta nuestra fe en que vamos ganando, aunque no lo parezca. Pero hay asuntos que por no pertenecer a la maraña mediática, al showbizz o a la matanza hiperviolenta no destacan. En este caso hablaré de mi padre, maestro universitario, luchador social, mexicano que constituye, más allá de la retórica, a la sociedad que se organiza. Jubilado como maestro de la UNAM, mi jefazo tenía un seguro de vida personal para docentes de la institución que le descontaban de su sueldo y más tarde de su pensión. De pronto, debido a una mera casualidad, se dio cuenta de que desde hacía un buen tiempo no le aplicaban el cobro del seguro así nada más por sus pistolas. Este acto, realizado de manera unilateral por el ISSSTE, terminaba con una historia de 15 años que comenzó con el Seguro Mutualista del Maestro de la SEP, que continuó con depósitos hechos en caja a su ingreso a la UNAM para evitar perderlo, y siguió con el pago de cuotas en la jubilación. Un pequeño patrimonio con trabajos se ha forjado, que simplemente se fue al caño por culpa de una institución empecinada en ahorrar en cosas fundamentales para los trabajadores, mientras despilfarra en goces para sus altos funcionarios. Y si no fuera suficiente con esto, la cosecha de arbitrariedades no se termina. Al acudir a resolver el problema y recuperar algo de lo perdido, en la Unidad Número 5 del ISSSTE, un licenciado Miguel Ángel Mercado, que está al frente de la oficina, burócrata de esos que enaltecen al gremio con su abulia y valemadrismo, no ha hecho más que hacer para lo que se supone que están entrenados los de su clase: traerlo a la vuelta y vuelta. Y no es que mi padre, un hombre resuelto y con ánimos revolucionarios, aspirara a remedios inmediatos respecto al atraco del que está siendo víctima. Digo, hasta sería capaz de conformarse si le aclararan por qué lo dieron de baja del seguro, cosa que le han aplazado a lo largo de los meses, en eso que las oficinas gubernamentales denominan a la sorda como “ganar por cansancio”. Lo peor, según me cuenta el hombre de izquierda que me inició en la acumulación originaria de libros y revistas, es que en su caso hay decenas de desamparados a los que nomás los borraron de la lista de asegurados, para dejarlos en calidad de daños colaterales de la rasuradora calderónica. www.twitter.com/jairocalixto jairo.calixto@milenio.com | |
martes, 28 de septiembre de 2010
La Bozzo, el ISSSTE y mi padre
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