jueves, 30 de septiembre de 2010

La Era de Orden y Progreso

Pomponio

30 de Septiembre, 2010 - 00:00 
 
Mire nada mas, querido lector, en el álbum de estampitas (así le llamo yo) que el usurpador repartió, el llamado "Un Viaje a Través de la Historia de México", le llaman al Porfiriato "la era de orden y progreso".  ¿Qué tal si usted y yo nos damos una paseadita?  ¿Adonde?  Pues a Veracruz, chingaos, específicamente al año de 1908.  No, no vamos a visitar a las hilanderas de Río Blanco.  Esa historia se la cuento luego.  Vengase, vamos directo a La Parroquia, en el mero zócalo.
Pos ya tenemos el buche lleno, estimado lector, solo Veracruz es bello, ¿verdad?  Es mas, usted hasta ya se compro su cachito de lotería, a la mejor tiene usted la suerte de Fidel Herrera.  Nomás no se olvide de los probes.  Mire, ¿vide que ya viene el tranvía?  El conductor hará sonar su campanita y el mesero ira corriendo a llevarle su café lechero.  De ahí vino esta costumbre de tocar con una cuchara en la taza cuando uno quiere que le rellenen la taza.  ¡Que Starbucks ni que la chingada!  Este es café del bueno, sudor de negro, carajos, del merito Coatepec, la tierra de Dios, donde los cafetos crecen como hierba en el suelo fértil de "la tierra muy vieja que es Veracruz".  Bien, vengase conmigo y vamos a encaramarnos al tranvía para que nos lleve al malecón.  Tráigase su café.
Notara que usted y yo andamos vestidos de catrines, la ultima moda de Paris, lo cual es una verdadera pendejada porque en Paris no hay el calorón que hay aquí en el puerto.  Lo mejor seria portar guayabera y sombrero de cuatro trancazos o vestido de jarocha emperejilada, mas adecuado al trópico.  O tal vez vestirse de totonacas, con calzón blanco y unos huarachitos, que es mas fresco y sencillo.  Pero mejor no, porque no se nos consideraría "gente de razón" y luego los policías nos madrearian por cualquier pretexto.  Después de todo, esta es la época del "orden y progreso", ¿verdad?  Todo mundo se anda de-re-chi-to.  Ansina que aguántese y no sude mucho, si puede, y sóplese con este abanico si necesita.

Ah, mire usted, ahí esta nuestro buque.  Nos va a llevar del puerto a Progreso, en Yucatán.  Es que, sabe, todavía no hay ferrocarril que llegue hasta Yucatán.  Ni modo, ojala que no se maree usted.  Pero espérese tantito.  Todavía no podemos abordar.  Mire usted, ahí adelante, parece que están subiendo una cuerda de presos.  Los están bajando de unos carros de ferrocarril.  Y no, no son pullmans de lujo, son vagones de los que normalmente transportan ganado.  Válgame Dios, es puro indígena.   Y note como hay varios que están o bien muertos o desmayados dentro de los vagones.  Jijos, el tufo es de los mil diablos.  Algunos han de haber tenido ya varios días de muertos.  Y con esos muertitos y entre sus mojones y meados viajo el resto de esa gente.  Para que vea que avanzada es la era porfiriana: este espectáculo no lo igualaran los europeos sino hasta que los alemanes lo logren en los cuarentas.
Ya se aproxima un fulano con gafetes de capitán, una 45 en la mano, botas federicas, el bigotazo a la Kaiser, y nos hace el alto.
--Por favor, señores, no se acerquen mas.  Estamos subiendo unos presos al buque.

--¿Qué son esos, capitán?

--Son yaquis, patrón.  (Note, lector, que como tenemos la pinta de catrines nos sombrerean los federales.) 

--¿Yaquis?  ¿De Sonora?

--Si, patrón, don Porfirio ordeno que los yaquis sean deportados a Yucatán.  Los embarcamos en Topolobambo y los llevamos hasta San Blas.  Luego los marchamos cruzando la sierra hasta el ferrocarril.
--Me imagino que eso tomo varios días.

--Pues si patrón.  Todas las noches los encerrábamos en unos campos con alambres de púas que el gobierno construyo en el camino.
--¿No le digo, capitán?  ¡México marco la pauta en muchos de los avances del siglo XX!  Beria y sus Gulags o Himmler y sus konzentrationlagers solo son imitadores de los mexicanos.  ¡Don Porfirio es un gran innovador!  ¡Que chingón es don Porfirio! ¿A poco no?  ¡Viva Porfirio Díaz!

--Pos viva, patrón, aunque no entiendo de que me habla.
--Naturlicht, Herr Kapitan.  Pero bien, ¿Qué pasa cuando los hacen llegar a los ferrocarriles?

--Pos los subimos a los vagones y los sellamos hasta que llegan aquí.  El viaje tarda varios días.

 --Me enorgullece que la red ferroviaria se haya extendido tanto, capitán.  Eso demuestra que don Porfirio ha hecho progresar al país.  Los señores inversionistas extranjeros saben que pueden traer su dinero e invertir en ferrocarriles y otras industrias y nadie los va a andar molestando.  Oiga, capitán, pero esos indígenas traen sus mujeres e hijos.  Incluso veo unos chamacos de pecho.
--Son los que quedan patrón.  La mayoría de los ancianos, mujeres, y niños se murieron en el camino. 

--Ah caray, pero bueno, se lo buscaron, ¿verdad?  Han de ser rebeldes que no respetan las instituciones que tan benevolentemente don Porfirio le ha dado a México.

--Pos la mayoría no son rebeldes patrón.  Eran simples rancheros, peones, jornaleros.  A Algunos los levantamos cuando estaban en la milpa muy quitados de la pena chambeando.  Otros ni Yaquis son pero como son indígenas pos jalamos parejo con todos.  No vamos a perder el tiempo viriguando.  Le diré que los verdaderos indios broncos viven en lugares de tan difícil acceso que el ejercito ni se atreve a meterse pues nos parten, usted disculpe, la madre.  Que le diré, patrón, uno obedece ordenes.

--Por tiene usted una tarea muy difícil, Herr Kapitan.  Y tiene usted razón: usted obedece órdenes.  Incluso le diré que usted se esta adelantando al usar esa excusa.  Me temo que no fue justificación en Nuremberg.
--¿Perdón patrón?

--No se preocupe, capitán, son cosas que usted no tiene manera de saber.  Repito, usted esta haciendo un gran servicio erradicando y dándole solución final al problema yaqui.  Es un endlosung que enorgullece a México y hará que estos días se recuerden como paradigmas de orden y progreso.  ¡Heil Porfirio!
--Pos...gracias...patrón.   Le diré que lo difícil es mantener viva a esta gente, patrón.  La otra vez, un día antes de llegar a San Blas, los desgraciados empezaron a aventar a sus hijos al mar.
--¿Y eso?
--Decían que los preferían muertos antes que esclavos.  Luego se aventaron ellos.  Bajamos botes pero no se dejaron rescatar.  Luego vino la tiburoniza y el mar se enrojeció.  Desde entonces los llevamos en las crujías de los barcos y no los dejamos subir a cubierta.
--Ah, que gente tan terca.  No entienden, carajos.  Bien, la tripulación ya nos hace señal de que podemos abordar.
--Pásele patrón por favor.

No se me desmaye lector.  Si, el tufo que viene de esos vagones es de la chingada.  Mire, nos toca una chulada de camarote.  Y aquí arriba pues llega la brisa limpia del mar.  Claro, en la crujía, pos imagínese, es una jaula de metal y con el calor del trópico se ha vuelto un horno.  Ahí esta hacinada toda esa gente, hombres, mujeres, y niños.  No, no se si les den de comer o agua.  Me imagino que si.  Hay razones comerciales, que le detallare a continuación, para mantenerlos vivos.  Bisnes is bisnes dicen los gringos. 

No se preocupe.  No los van a dejar salir.  Luego engordarían mucho los tiburones si se avientan al mar o, peor, si nos avientan a nosotros, que ganas no les han de faltar.  Atisbe usted a popa.  Hay guardias con armas en la entrada de la crujía.  Y esta está sellada con candados.  No, esa gente va a seguir ahí encerrada todo el trayecto.  Si acaso, tal vez sus quejidos nos llegaran hasta aquí arriba pero serán muy tenues pues casi no tienen ventilación ahí abajo.  Bien, yo me voy a bañar y cambiar.  Como que me siento medio sucio, no se por que.  Sugiero que haga usted igual.
Ya estamos en alta mar y ha anochecido.  Sentémonos a cenar, estimado lector.  Compartimos la mesa con un rubicundo coronel del ejército.  El chef del buque es un maestro.  Los vinos, franceses, son un deleite al paladar.  No, no le describiré como la pasan en la crujía para no agriarle la cena.

--¿Así que usted esta encargado del transporte de estos yaquis, señor coronel (Herr Oberst)?

--En efecto.  Y es, francamente, un excelente trabajo.  Me pagan diez pesos por cada yaqui que entrego en Progreso.  Claro, se mueren como el 25% en el puro viaje por mar.  Uno tiene que adecuar los costos sabiendo que hay tal desgaste.  En fin, no me quejo.  Este será mi ultimo viaje.  Me voy a retirar a disfrutar lo que he ganado.
--Cual debe de ser.  Lo felicito por ser parte del México Ganador del Porfiriato.  Oiga, ¿y de donde viene el dinero que le pagan?  ¿Del gobierno?

--No, vera, al llegar a Progreso se subasta a estas personas.  Un yaqui adulto todavía en condiciones de trabajar vale unos sesenta pesos.  Las mujeres y niños no se cotizan tan alto.  Los venden para la servidumbre de las casas de Mérida.
--Ah, que bien.  O sea, en Mérida separan a las familias si es que no se disgregaron ya en el camino.  Y acerca de la subasta, ¿los venden como se vendían los negros en el sur de EEUU?
--Algo similar.  Claro, se les procesa.  Les toman fotografías antes de subastarlos.

--¿Fotografías?

--Si.  Vera usted, así se evita que escapen.  Yucatán, ha de saber, es una tierra inhóspita.  No es posible escaparse a la manigua y vivir ahí como lo hacían los negros cimarrones en Veracruz.  Tienes que buscar sustento en una finca o en un pueblo.  Y ahí las autoridades te van a pedir tus papeles y si te escapaste te identifican con la fotografía.

--Mire que bien.  Usan lo último en tecnología para poder mantenerlos a raya.  Bueno, y a todo esto, ¿pos que hizo esta gente para que se enmuinara tanto don Porfirio con ellos?
--Pos le diré, en realidad nada.  Vera, lo que pasa es que los yaquis tenían las mejores tierras en el sur de Sonora.
--Bueno, han estado en ellas por tiempo inmemorial.
--Pos si, y la verdad es que son gente muy trabajadora y sus ranchos eran muy prósperos.  Ellos pagaban puntualmente sus impuestos e incluso contribuyeron con varios batallones a la defensa de la patria durante la invasión francesa.  El caso es que don Porfirio y su gabinete consideraron que seria mejor que esas tierras las explotaran gente de razón, específicamente inversionistas extranjeros que querían poner grandes agroindustrias ahí.  Ya ve usted como es el progreso.
--No pos si.  Pero, digo, ¿no tenían títulos de propiedad estos yaquis?
--Pos si.  Incluso sacaron a pasear unos títulos que les firmo el mismo rey Felipe II, válgame Dios, y metieron amparos.  Pero la suprema corte, fiel a los intereses del progreso y dispuesta a darles seguridad jurídica a los inversionistas, los declaro nulos.  Don Porfirio luego metió el ejercito y empezaron a deportarlos.
--Afortunadamente la suprema corte es una garantía que el estado de derecho proteja a los inversionistas.

Bueno, estimado lector, antes de continuar permítame darle algunos detalles antropológicos de estos yaquis.  Tal vez usted ha visto las viejas fotos de las tropas obregonistas en el Casasola que muestran a la infantería yaqui con que el manco derroto a Francisco Villa.  Estos yaquis eran gente membruda, alta, muy aguerrida, emparentada con los apaches de Arizona.  Pero hay algo mas, querido lector.  Vera, la lengua de esas gentes comparte muchos fonemas con el nahuatl o mexicano.  Es decir, se trata probablemente de los mexicas originales, los que no emigraron rumbo al altiplano, los que se quedaron en la mítica Aztlan.  Un pueblo así de vigoroso no se iba a dejar vejar.  La guerra que inicio don Porfirio contra ellos fue larga y cruel.
A ver, respetable lector, veo que ya esta usted color de aguacate.  Ah, es por el vaivén del buque.  Venga, si necesita vaciar el estomago vamos a la borda.  Nomás agarrose bien al barandal, no sea la de malas.  ¡Que bonito fresco!  Por lo menos, si necesita usted vomitar lo puede hacer al mar, no como la gente esa encerrada allá abajo.  ¿Se imagina como ha de ser allá abajo cuando empiecen a vomitar encerrados todos en esa caja de metal?  Ah, perdón, creo que mis palabras le acentuaron la nausea.  ¡Que bueno que ya vació el estomago!  Adiós cena, ni modo.  Al rato se va a sentir mejor.  Venga, vamos a su camarote.

Como le he contado, ya hemos viajado a través del primer circulo de este infierno.  Adelante esta la península.  Si nos adentráramos en los círculos de este infierno yucateco conoceríamos las grandes haciendas henequeneras de terratenientes como los Zavala.  Esta familia, de gran abolengo aun en nuestros días, estuvo muy activa en la política en el siglo XIX.  Recuerdo como don Lorenzo de Zavala trato de convencer a los tejanos, después de 1836, de invadir también la península.  Ya vide que los tejanos también eran esclavistas.  Y por supuesto, los Zavala le dieron la bienvenida a los franceses y a Maximiliano. 

Y si usted no cree que los viejos dioses de Anahuac no nos hablan todavía le recordare como Bush, un tejano, se presento en Mérida a invitación del usurpador.  Y el emperador llego ahí con un batallón de marines que se adueñaron de la ciudad mientras el usurpador le hacia caravanas.  ¿Y como creen que el bruto y drogadicto de Bush llamo al usurpador?  ¡Pos nada menos que "mister president Zavala"!  Créanlo, los dioses conocen la historia y nos hacen saber quienes son los entreguistas y traidores.

Regresemos a 1908 y el infierno yucateco.  En las haciendas henequeneras de terratenientes como los Zavala mueren, en promedio, tan solo en el primer año, dos tercios de los yaquis que llegan vivos a Yucatán.  Y los mayas mismos no les va mucho mejor por cierto. 
Y es que las jornadas empiezan en la madrugada y terminan al caer el sol.  Al trabajador (esclavo) lo azotan si llega tarde a la jornada, si no cumple la cuota, si no cuenta bien las hojas de henequen, por cualquier nimiedad se le deja como a un santo Cristo.  De ahí la necesidad de mantener un flujo constante de esclavos para asegurar la prosperidad de los Zavala y otros hacendados.

¿Y que como los mantienen en la esclavitud?  Pos ya le explique como llegaron aquí los yaquis.  Por lo que toca a los mayas, en las ciudades de Yucatán hay una serie de coyotes que ofrecen prestamos con intereses de usura.  No falta un jefe de familia que necesite un préstamo y se engancha.  Claro, a 25 centavos diarios que les pagan a los peones pos nunca va a acabar de pagar.  Y luego en las tiendas de raya los artículos se los venden carísimos y se endeudan más y más.  Es así que la misma deuda la sigue pagando el hijo o el nieto y toda una familia acaba en la esclavitud pues los jueces los consignan para que paguen su deuda sirviendo en una de las grandes haciendas. 
Pero le evitare estos tragos amargos, estimado lector, pues creo que le son bien conocidas estas historias.  Si desea conocer mas de estos menesteres le recomiendo el "México Bárbaro" de John Kenneth Turner de donde he sacado todos estos detalles verídicos.  Mi intención es desmentir, si, a los jilgueros que describen al Porfiriato como una Arcadia mística donde hay "orden y progreso".  No, lector, México no era tal.  Don Porfirio tenía círculos infernales similares a los de Yucatán en Valle Nacional en Oaxaca o en las tinajas de San Juan de Ulua y en otros lugares. 

Pero tampoco le quitemos merito a nuestros días.  Es evidente que los terratenientes de Yucatán implantaron unos estandares muy altos difícil de igualar.  Sin embargo, nuestra clase política y empresarial hace esfuerzos heroicos para imitarlos.  ¡De algo han de servir los estudios que el junior hizo en Harvard, carajos!
Nos acercamos mucho al ideal de "orden y progreso" de don Porfirio.  Examine usted cualquiera de los pueblos jodidos de México de donde emigra tanta de nuestra gente para irse de mojados.  ¿No están acaso tan tristes y melancólicos como los pueblos que dejaron vacíos los yaquis allá en Sonora?  También hay alta mortalidad entre los mojados.  Igual mata una crujía que el desierto de Arizona. 
Y no nos olvidemos de nuestros hermanos centroamericanos que son robados, violados, y asesinados en su trayecto.  ¿Acaso no son tratados igual que esas cuerdas de yaquis?  ¿No viajan también en "trenes de la muerte"? 

O mire usted como todavía se discrimina al indígena aun en nuestros días.  ¿No nos muestra la televisión un universo libre de gente prieta, igual que querían hacer de Sonora durante el endlosung Porfiriano?  ¿No se limito la entrada a la celebración del bicentenario a pura gente "nais", igual que ocurrió en 1910 cuando no se permitió que entraran al zócalo personas prietas? 

¿La destrucción de nuestro campo para beneficiar a las agroindustrias transnacionales no es similar al robo de la tierra de los yaquis?  Y si don Porfirio destruía las comunidades yaqui ahí están los ejemplos de Copala y de Atenco para no ir tan lejos.
El buitre viejo (como lo llamaban los Flores Magón), Porfirio Díaz, y sus científicos y terratenientes todavía mandan en México.   Sus descendientes siguen mandando y son las treinta familias criollas que se creen dueñas de México y desprecian a la indiada y pagan sueldos de miseria.  Tienen a su servicio a los mismos militares pretorianos y lacayos que con tanta prontitud servían al dictador y vejaban a los yaquis y otras etnias. 

Su visión del mundo se proclama desde la caja idiota.  Tratan de convencer de que "la revolución fue un desastre para México" y de que "don Porfirio hizo progresar al país".  Y si, estos hijoeputas, los nuevos "científicos", se aprovechan de la ignorancia que tiene nuestro pueblo de su historia para hacernos caminar por los mismos pasajes oscuros, los mismos círculos infernales, del Porfiriato.
Bien, ya lo voy a dejar dormir.  No le garantizo, sin embargo, que cuando se despierte sea 1908 o 2010.  Después de todo, es difícil distinguir la diferencia.

FIN

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