![]() | Jairo Calixto Albarrán |
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17 septiembre 2010 jairo.calixto@milenio.com | |
| Todavía sorprendido de que, a pesar de las previsiones y de la falta de suerte de los organizadores, Tlaloc hubiera decidido no desplomar sus habituales humedades de la época sobre la pachanga del Bicentenario —parece que se tentó el corazón luego de tanto shalalá—, arrojo la vista en lontananza y me siento como migrante ante los imponentes vestigios del río Bravo. Una coraza de policías, soldados y mexicanos con ansias de desfile tenían cercado el Paseo de la Reforma. La misma cantidad de efectivos que tendrían que haber distribuido frente a Palacio Nacional para no dejar pasar a Carlos Salinas, que se apersonó en el guateque no sólo para documentar sus nostalgias y checar dónde va a poner sus tendederos cuando regrese por aclamación popular, sino también a robarle reflectores a Jelipillo. ¿Qué alma caritativa y acomedida le habrá aconsejado al Preciso que invitara a El Chupacabras? El mismo que le sugirió atacar al narco sólo a balazos y poner a Gomezpunk en Gobernación. Como quiera que sea, simplemente yo no podía pasar al otro lado de aquella muralla para llegar a MILENIO. Tan cerca y tan lejos, diría el maese Wim Wenders con música de fondo de U2 para reforzar la cursilería. Es el día 16, y los compatriotas contentos, arremolinándose en los puestos de banderitas, cornetas y raspados; otros atisbándole los uniformes a los militares y cadetes, mientras el cielo era rebanado por parvadas de aviones supersónicos y robustos helicópteros. Personas que no se veían distintas a las que te podías topar la noche del Grito con sus sombreros tricolores, orejas de conejos con lucecitas o atuendos muy de la mexicana alegría. La fiesta nos pone contentos, más allá de los faraónicos costos, los densos chapoteos en provincianismos recalcitrantes y la recurrente disposición a rendirle culto al espíritu de la Región 4. Pese a los augurios, el enojoso y triste estado de la patria, la gente tomó las calles y guardó por unas horas sus angustias. Ya vendría después la cruda realidad de un frustrado atentado de Los Zetas en Cancún, de los muertos en Nuevo León y los colgados de Jalisco. Gritamos ¡Viva México!, por el país que es más grande que el crimen organizado, el de los cárteles y el de las rémoras impunes del sistema. Trepado en el Metro para lograr la hazaña de traspasar por abajo de las multitudes, pienso en la pregunta tuitera sobre cómo imaginar el Tricentenario: creo que será igualito, pero con un Coloso todavía más grandotote y pendejo. Dicen las malas lenguas que después de esto, México demuestra que ya puede organizar el medio tiempo del Super Bowl. www.twitter.com/jairocalixto jairo.calixto@milenio.com | |
viernes, 17 de septiembre de 2010
Soy totalmente Bicentenario
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