lunes, 22 de noviembre de 2010

EL LOBBY

La Jornada-Jalisco

MAURICIO FERRER

◗ Las enseñanzas de Don Juan

"En ocasión del bicentenario, del centenario y de la situación actual”, así comienza la carta pastoral escrita por el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez a inicios de mes y presentada apenas unos días atrás, en plenos festejos de la Revolución Mexicana.

Son 109 los puntos con que nos deleita don Juan en su misiva a los feligreses, en los que advierte de las “amenazas” a la familia, la iglesia y el estado.

Aquí, en este Lobby, reproducimos algunos que son de antología, al puro estilo del clérigo.

“Hoy en México se practica la corrupción generalizada, que implica la práctica de la mentira, el engaño, el robo y la desviación de las instituciones hacia otros fines que no son los propios”.

“El crimen organizado a escala nacional, repartido en muchos grupos de delincuentes que causan violencia constantes asesinatos, inseguridad, temor y parálisis social y económica”,

“Desde hace varias décadas, el narcotráfico a grande escala, favorecido a veces por personas en el gobierno, se acompaña ahora del narcomenudeo, que está envenenando a la población, sobre todo a los adolescentes y jóvenes, y que lleva la lucha y la muerte por el mercado y la inseguridad hasta los ambientes más pobres”.

“Constantes ataques a la familia tendientes a deteriorarla: amor libre, divorcio, antinatalismo, aborto y pretendidos matrimonios de personas del mismo sexo y el derecho de adopción”.

“Entramos hace una década en la democracia, y la que tenemos hoy es una democracia incipiente, imperfecta, en cierta manera secuestrada por los partidos políticos, sumamente costosa y que no logra el diálogo y el acuerdo entre los tres poderes”.

“Con honrosas excepciones, los medios de comunicación social están planteados como negocios, y por lo general no informan debidamente al pueblo ni contribuyen a elevar su educación”.

“Se pugna por imponer el homosexualismo, la ‘ideología de género’ con todas sus manifestaciones y reivindicaciones, promovidas por organizaciones poderosas y aguerridas, cuya acción está orientada, entre otras finalidades, a conseguir del estado leyes que reconozcan, protejan e impongan en la sociedad una serie de pretendidos derechos”.

“No se trata de una simple justificación ideológica del hedonismo, o de la homosexualidad, de la anticoncepción o el aborto, etc., sino de todo un programa para ‘reconstruir’ la sociedad, imponiéndole una nueva forma de ver y vivir la sexualidad y sus relaciones”.

“La equidad de género propugna con obstinación y agresividad la igualdad de derechos de todas las formas de relación sexual: los mismos derechos han de tener el hombre y la mujer que unen sus vidas en un matrimonio estable y fecundo conforme a la naturaleza y al plan de Dios que las uniones de personas del mismo sexo, lo cual lleva a presionar a los gobiernos a reconocer las uniones homosexuales como verdaderos matrimonios y otorgarles derechos absurdos y perjudiciales como el de la adopción. Se podría estar de acuerdo en que a estas uniones homosexuales se les conceda algún estatuto jurídico, sin que invadan el ámbito sagrado del matrimonio.”

“El feminismo, a ultranza, no beneficia a la mujer, ya que trastoca todo el orden natural y hace pensar a la mujer que su igual dignidad con el varón está, no en ser persona humana, sino en sus habilidades o en el papel que juega en la sociedad”.

“Es evidente que la ideología de género y la equidad de género deben ser rechazadas porque han sido impuestas con una serie de equívocos y manipulaciones, y con objetivos poco claros que no son éticos ni aceptables y dañan a la familia y a la sociedad”.

“Con el afán de mantener un estricto control natal, se han adoptado diversos instrumentos, a saber: feminismo radicalizado, amplia difusión de la mal llamada salud reproductiva, que en realidad es antirreproductiva, la educación sexual permisiva en las escuelas, la repartición y promoción amplia de preservativos y anticonceptivos, ofrecimiento gratuito de la esterilización y aborto, el divorcio exprés y la presión para equiparar las uniones de personas del mismo sexo y sus pretendidos derechos al matrimonio verdadero”.

“En México, lo que en realidad se quiere hacer valer y, según eso, defender, no es la laicidad del Estado que, como vemos, también la Iglesia proclama y respeta, sino una deformación de la laicidad que se llama laicismo”.

“La prensa y demás medios de comunicación, por lo general, están planteados como negocios que venden lo que rinda más dividendos: amarillismo, violencia, sexo, espectáculos de ínfima calidad artística”.

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