jueves, 18 de noviembre de 2010

En este pueblo no hay rajones

Jairo Calixto Albarrán


18 noviembre 2010
jairo.calixto@milenio.com

No sé si les he comentado que Javier Lozano, el secre del Trabajo, me parece una de las glorias más venerables del presente régimen. Ajeno a las formas engoladas, solemnes y mamonas del protocolo político, este muchacho chicho de la película gacha se va por la libre y cual chivo en cristalería suele acaudillar primeras planas por lo rudo de sus declaraciones o sus actos de gobierno. Mismos, claro, a los que se les puede acusar por buscar la empatía del proletariado y la clase trabajadora en general, quizá debido al espíritu de caporal porfirista que suele enarbolar con el ímpetu de un auténtico emisario del pasado.

Eso sí, mientras el resto del gabinetillo se desvive por guardar apariencias y aprevenidos esconderse tras la vitrola (bueno, hay que reconocer que Molinar Horcasitas también le sale lo atrabiliario y lo protagónico, aunque por las razones equivocadas), quedar bien con el jefe y hacer como que todo es política ficción, a Lozano le da por demostrar sus niveles de credibilidad (que a juzgar por los casos de Mexicana y SME, está casi al nivel de la de Cristian Castro) apostando en Twitter.


Así como lo oyen, en un arrebato decidió apostar 196 mil pesos con el tuitero asesorpolitico, quien insistía con insistencia que ese era el monto de su nuevo aumento salarial. Para acabar el debate, el funcionario echó su resto y puso esa lana en juego, para demostrar que lo suyo, lo suyo, lo suyo, era la austeridad republicana.


En vez de mostrar documentos que avalaran sus dichos, o un comunicado donde se explicara en algo remotamente parecido al español que el salario está conforme a derecho, lo que hizo Lozano fue reforzar la leyenda que explica por qué le dicen el Copelas o cuellos.


Digo, para qué perder el tiempo en argumentaciones cuando puedes arreglarlo todo sacando a pasear al pequeño tahúr que todos llevamos dentro.


Algo que no está del todo mal si se puede aplicar a otros terrenos de la vida: en vez de presenciar espectáculos tan tristes y lamentables como el de las luchas fratricidas en el PRI, donde se gritan de groserías y hacen sonrojar al personal, que Francisco Rojas rete al líder de la CTM a un duelo de karaoke cantando las de Juanga, a ver quién es más rajón.


Lo mismo para el tema de la inseguridad; como todos tenemos un retén militar aunque sea en la cabeza, en vez perdernos semanas en discusiones sobre los protocolos castrenses y el incomprensible temor de los mexicanos a ser detenidos por unos uniformados en una carretera solitaria, se puede jugar al dominó, las cartas o al Bingo para resolver el problema de los daños colaterales.


Gracias, Javi, por enseñarnos el camino.

jairo.calixto@milenio.com

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