viernes, 19 de noviembre de 2010

Epigmenio Ibarra

19 noviembre 2010
eibarra@milenio.com

No está Felipe Calderón Hinojosa, como el general de Gabriel García Márquez, perdido en su laberinto sino, civil al fin disfrazado de comandante y empeñado en librar una guerra, a su manera y sin perspectivas de victoria, sitiado en su búnker. Lástima que las consecuencias de este asedio que se adivina será muy prolongado —de 20 años de guerra habla el zar antidroga norteamericano—, para desgracia del país, no las sufra el mismo Calderón, que protegido y rodeado de “todos los juguetes”, ni siquiera visita con oportunidad y constancia las zonas en conflicto sino muchos millones de mexicanos.

Mexicanos que viven en la zozobra y se saben amenazados tanto por criminales desalmados y sanguinarios que operan impunemente como por las fuerzas federales que, sin la preparación adecuada, desplegados masivamente y sin disciplina de fuego, primero disparan y luego averiguan.


Adicto como es a la propaganda; esclavo de su “imagen pública” ha transitado Calderón con gran velocidad de la comparación con una figura de la lucha antimafia en Chicago de los años veinte, el mítico Elliot Ness, a la identificación, subliminal si se quiere pero cuidadosamente buscada, con el execrable héroe de acción, de la serie norteamericana 24, Jack Bauer.


Es este personaje de ficción un apologista de la tortura, el señor por excelencia de los “daños colaterales”.


Ícono de la derecha norteamericana instrumento ideológico de la cruzada fundamentalista de George W. Bush, el mismo que rebautizó a Calderón como Elliot Ness, Jack Bauer es conocido por sus aventuras en contra de terroristas en las que, en defensa del mundo libre, se salta todas las trancas de la legalidad.


Antes de que se conocieran las atrocidades de Abu Graib y Guantánamo, practicando, justificando en pantalla la tortura, estaba Jack Bauer y estaba ahí también alimentando la xenofobia y la idea de que terroristas y capos mexicanos constituyen la mayor amenaza contra la seguridad interna de los Estados Unidos.


Si no estuviera el país atravesando por una situación tan crítica, si no se hubieran sumado en apenas dos años 30 mil muertos, si la inseguridad, la zozobra y el miedo no campearan como campean en amplias zonas del territorio nacional, el hecho de que Calderón se hubiera atrevido a compararse con Bauer y a homologar los adelantos tecnológicos y las instalaciones desde las que despacha su centro de mando con los de su serie de tv hubiera sido sólo una gracejada inoportuna y de muy mal gusto.


Estando las cosas como están resulta, por decir lo menos, indignante, ofensivo y sintomático que quien, “haiga sido como haiga sido”, está sentado en la silla presidencial se tome esas libertades y lo haga, además, en una entrevista con la tv norteamericana.


Seguramente los asesores de Calderón consideraron adecuada para su estrategia de “imagen pública” el uso de la serie de tv. Creyeron que jugar así, a la identificación con el héroe, reportaría beneficios a su jefe y a su proyecto político.


No sólo se equivocaron sino que dieron además indicios claros del verdadero talante de su jefe; de las afinidades electivas que lo caracterizan, de la compatibilidad ideológica y doctrinaria con ese héroe de ficción que resume los ideales de los halcones del Pentágono.


Apenas unos días después de que Calderón dijera que opera en su búnker con “todos los juguetes”, como en 24, volvieron los norteamericanos a descalificar su estrategia. El fantasma de Bauer ronda Washington y no ciertamente por Los Pinos.


No sólo es correlato del fracaso de la diplomacia mexicana el que se hable una y otra vez de “estado fallido” y “narcoinsurgencia”. Los halcones del Pentágono y las agencias de seguridad se han formado una idea muy precisa de las muy magras perspectivas de la estrategia de Felipe Calderón contra el crimen organizado y se preparan para actuar en consecuencia.


Y no se trata de que, concientes del riesgo, vayan a tomar medidas efectivas contra el consumo ante el cual Washington continúa su política de tolerancia, ni tampoco de que se avance en la persecución y captura de capos norteamericanos, ni menos de que se vaya a trabajar seriamente en el control de los dólares y las armas que alimentan la guerra en México.


A esos émulos de Jack Bauer que, en el norte abundan, les conviene la fragilidad extrema del Estado mexicano. Alientan por eso la dependencia extrema sin tomar medidas efectivas contra el tráfico de estupefacientes; esgrimiendo, de tanto en tanto, o amenazas o elogios según venga al caso.


Necesitan vital e históricamente los norteamericanos, como lo dice Carlos Fuentes, a Moby Dick y les sirve que ese enemigo mítico, omnipresente este cada vez más cerca de su territorio y más si la guerra, quedándose sólo en amenaza, no los alcanza y los muertos los ponemos nosotros.


Triste que quien nos gobierne se mire en el espejo de tan lamentable figura. Impensable en un Comandante, en una situación tan critica, permitirse un error de esta naturaleza. Ni es este el único camino, insisto, ni es Calderón el hombre adecuado para dirigir un combate en el que está en juego el destino de la Nación.


http://elcancerberodeulises.blogspot.com

www.twitter.com/epigmenioibarra

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario que sera publicado automaticamente; si este,no fue publicado por favor notificalo a nuestro correo electronico sadimyer@gmail.com