martes, 9 de noviembre de 2010

Falsas ofertas de empleo anunciadas en los periódicos de México

Boris

09 de Noviembre, 2010 - 05:19 | 
 
Cualquiera que tras las declaraciones de victoria de Calderón y sus compinches haya escuchado sobre lo bien que se encuentra México en materia de empleo pensaría que esta es la mejor oportunidad para que un desempleado salga a buscar trabajo.


Como todo mexicano compré un periódico y miré la sección de clasificados en donde se anuncian toda una serie de empleos. Estos en su mayoría buscan reclutas, custodios, guardaespaldas y vendedores de cosas inútiles, pero por ahí encontré un anuncio que declaraba ser de una conocida empresa solicitando diferentes puestos a cubrir y en los que había una oportunidad para mí. Así que invertí mi dinero en comprar una solicitud de empleo, invertí mi tiempo en llenarla, al igual que en armar el currículo, invertí en hacer una llamada para acordar la cita y más dinero en pasajes para trasladarme a ese lugar: Bolívar no. 120 segundo piso, centro histórico de la Ciudad de México. Recuerden esta dirección.


Llegué a dicho lugar en donde me recibió un señor que se encargó de recoger las solicitudes. Mientras esperaba respuesta junto a una anciana de 60 años tejiendo un mantel y un muchacho de unos 17 años, pensé: ¿Qué tenemos en común?


A pesar de solo tener en común el desempleo, a destajo nos pasaron juntos a la entrevista en donde una ejecutiva mirando mi solicitud y muy convencida de mi historial de desempeño me pidió ir al siguiente día para concluir el contrato, acto que enfatizó con un fuerte apretón de manos y cuyo mensaje visual era "ya eres parte de nuestra empresa, a partir de mañana eres un exdesempleado". Así que como un tipo de mecanismo adquirido salí con esperanza, pensando en las deudas que podría liquidar y otros gastos básicos de la supervivencia humana que hay que solventar.


Llegó el día acordado, me presenté de manera puntual y me pasaron a una sala en donde nos juntaron a unas 50 personas y de repente comenzó el circo. Como con redoble de tambores salió un tipo que con gesticulaciones de exagerado entusiasmo nos hablaba del como una persona positiva obtiene empleo y una negativa no, así que en menos de lo que pienso, ese hábil merolico envolvió de sueños a la mayoría de ingenuos que asistieron pero en cuanto a mí junto con algunos otros, nos envolvió la sensación de que aquello era solo un enorme engaño. Esta sensación se acrecentó cuando todo apuntaba a que nos pedirían dinero para pertenecer a su grupo de "positivos ganadores" en donde me prometen que con solo 2 horas de trabajo voy a mantener a mi familia y además me va a sobrar dinero para tener un estilo de vida que digno, o que digo digno, generoso.


¿Pero porqué? Yo solo pedía una jornada de ocho horas y un trabajo donde se me pagara con dinero de verdad. Como no participe en el denigrante espectáculo, donde todos gritaban al unísono fuerte y alegremente "sí, quiero ganar dinero", se dirigió hacia mí una asistente gorda y fea me pidió que la acompañara afuera, me llevó a su oficina y llamándome "negativo" trató de disuadirme a revertir mi frustración contra mí mismo por no ser positivo en esta venta de ilusiones. Como no acepté sentirme culpable, me pidió que me retirara.


Pasando de nueva cuenta por ese pasillo les dije a los próximos incautos: "¡Señores esto es un engaño! ¡No pierdan su tiempo!" De esta manera es como salí de la "comercializadora" que me robó mi tiempo, mi dinero, y encima casi mi seguridad en mi persona.

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