martes, 9 de noviembre de 2010

Gobierno nini


Ricardo Monreal Ávila


Acuñada en España entre los jóvenes, la expresión nini se empezó a utilizar hace pocos años para expresar la realidad del desempleo en este sector de la población y explicar también la permanencia en el hogar paterno de muchos de estos jóvenes cuando traspasaban los 30 años de edad. “Ni estudian ni trabajan”.

La expresión fue retomada rápidamente por los medios y evolucionó de un concepto descriptivo que aludía a “baturros” de clase media “sin oficio ni beneficio”, a una expresión abiertamente discriminatoria y de rechazo social hacia jóvenes de clases medias y bajas por igual. Hoy en día referirse a un joven español como nini no es precisamente un halago o una simple categoría periodística descriptiva. Es una ofensa equivalente a una declaración de guerra.


Algo similar está ocurriendo en México. Juan Manuel es un joven de 22 años que tuvo que dejar la escuela para buscar trabajo, y así ayudarse a sí mismo y a su familia. Ha tenido trabajos eventuales en Walmart y Burger King, donde sus contratos no dicen que es trabajador, sino un “asociado”. Ya sabe usted, es el outsourcing, la forma de darle la vuelta a la legislación laboral, para no pagar impuestos ni prestaciones a los empleados. Es el tipo de “empleos McDonald” que el proyecto de reforma laboral del actual gobierno quiere

popularizar.

Juan Manuel leyó en un diario que Walmart había sido una de las pocas empresas que obtuvo ganancias a pesar de la crisis. Entonces pensó que, si era “asociado”, le tocaría una parte de esas utilidades, como “socio” que es. Cuando preguntó que si así era la cosa, la respuesta fue un adiós tácito: su contrato mensual no fue renovado. Y ahora no tiene trabajo ni escuela.


“¿Eres nini?”, le preguntan sus amigos, que también están en condiciones similares, con un empleo precario o sin empleo alguno, y fuera de las aulas. “No soy nini…, estoy nini, que es muy diferente…, pero el que sí es nini es el gobierno: ni promueve empleos ni da seguridad ni da una”.


En efecto, como aconteció en España, el término nini, pretendiendo describir una realidad lacerante, puede dar origen a discriminación, marginación y rechazo. Es decir, en lugar de despertar conciencia de este problema social, puede ser motivo de más exclusiones, segregaciones y actitudes cínicas hacia este segmento de la población. Es más o menos el efecto que, en su momento, tuvieron las expresiones “nacidos para perder”, “hippies”, “generación equis” o, más agresivamente despectivos, “cholos”, “vagos”, “parias” o “lumpens”. Es decir, “la escoria”, “lo peor de lo peor”, lo equidistantemente opuesto al “pirruris” en la escalofriante escala de desigualdades del México contemporáneo.


¿Cuántos ninis hay en el país? Algunas autoridades ni los ven ni los oyen: afirman que no rebasan los 400 mil; un puñado de jóvenes con mala suerte, que están en esa condición porque quieren, ya que en el país se ha creado más de medio millón de empleos este año y existe la “educación a distancia”, para que no tengan que saturar físicamente las universidades.


Otras instituciones, en cambio, dan cifras más realistas…, y alarmantes. La UNAM señala 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, mientras que la OCDE estima que son 6.7 millones, 35 por ciento de los jóvenes del país, precisando además el universo sociodemográfico: 19.2 millones de mexicanos entre 15 y 19 años de edad no están escolarizados (sin escuela), mientras que 12.5 millones de jóvenes que sí trabajan obtienen un salario precario, sin prestaciones ni estabilidad laboral.


Tiene razón el joven Juan Manuel cuando protesta porque lo llaman nini. “No estoy así por mi gusto. Los trabajos que encuentro están bien pinchis y pa’qué estudio si después no encontraré trabajo… El gobierno es el nini”.


Es cierto: ni empleo, ni seguridad, ni salario remunerador, ni prosperidad, ni educación de calidad, ni competitividad, ni competencia, ni productividad, ni seguridad social, ni medicinas, ni precios bajos, ni alimentación, ni derechos humanos, ni procuración de justicia, ni equidad, ni protección del medio ambiente, ni prestigio de México en el mundo, ni pensiones dignas, ni todos aquellos derechos sociales y garantías individuales que la Constitución mandata al Estado mexicano su cumplimiento. Ni reforma energética, fiscal, agropecuaria o de telecomunicaciones. Lo último, para el año 2012, ni Seguro Social.


Otros ninis de este gobierno: ni ata ni desata, ni avanza ni retrocede, ni ve ni oye, ni gobierna ni administra, ni picha ni cacha ni deja batear, o como diría el propio Juan Manuel: “ni huele ni jiede, pero ¡ah!, como jode… ¿quién es, pues, más nini?”.

ricardo_monreal_avila@yahoo.com.mx

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