sábado, 13 de noviembre de 2010

Las muertas no se acaban

Tomado del correo ilustrado de la Jornada-Jalisco.

Jacquelinne Villa Virgen

En México el machismo no se agota y sigue haciendo presencia en diversas situaciones en la vida de una mujer. Un ejemplo de ello es Ciudad Juárez, en donde la sombra de la muerte persigue a mujeres de todas las edades. Al día de hoy se han conocido alrededor de 350 casos de mujeres asesinadas y más de 400 desaparecidas. Claro, la mayoría de los casos aún no son resueltos y no dan esperanza de resolverse cuando el propio gobierno inculpa a las propias víctimas de su destino, “no pasa nada, eran prostitutas” o “seguro ellas andaban vestidas muy sensuales y por eso les pasó lo que les pasó”. Ya uno, como observador, no sabe qué es lo que más impresiona, la crueldad de los asesinos o la ineptitud de nuestros representantes gubernamentales.
“Ser mujer es uno de los más grandes peligros en Ciudad Juárez” dice la organización no gubernamental Amnistía Internacional, y es que a pesar de la presión social ejercida por los familiares de las víctimas, el gobierno parece seguir sin entender que los asesinatos no son mera casualidad ni son resultado de la violencia cotidiana en el ámbito privado de las familias juarenses (problema que es grave también y por lo mismo no se debe rebajar a un asunto “cotidiano” como lo hacen muchos de los pertenecientes a la élite política). La violencia persistente contra las mujeres en Juárez es el reflejo de la discriminación, la falta de valores y educación, pero sobre todo pone en evidencia la vulnerabilidad de la justicia nacional.
Lo triste es que las mujeres no sólo se prestan para ser el blanco de criminales en lo que ahora se ha convertido en la ciudad más peligrosa del mundo, sino que en toda la república el índice de feminicidios es muy elevado en comparación a otros países. De 2007 a la fecha se han cometido, al menos, dos mil 15 homicidios contra mujeres y niñas en 18 entidades del país, según lo establecido por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio nos hemos convertido en el segundo país con más feminicidios del mundo (el primero es Guatemala). En el 2009, 173 mujeres fueron asesinadas en el Estado de México; 93 en Baja California; 69 en Sinaloa; 63 en Tamaulipas; 57 en Jalisco; 38 en Nuevo León; 33 en Morelos; y tres en Zacatecas. Lo que nos da la insensible cantidad de 529 homicidios de mujeres y niñas tan sólo en un año y en ocho entidades del país. Cantidad que es mucho mayor a la cantidad de homicidios conocidos en Ciudad Juárez durante 10 años.
Y ni con la presión de todas las madres y organizadoras de los movimientos, que exigen una respuesta por parte del gobierno, se ha podido tipificar el feminicidio como un nuevo delito penal en México. ¿Qué nos sorprende? El gobierno solapa las organizaciones criminales, muchas veces culpables de muertes de mujeres y niñas. ¿Qué nos sorprende? La cantidad seguirá aumentando si no tomamos consciencia de lo que sucede en el país, seamos hombres o mujeres nuestra condición debe ser la misma. Debemos dejar de cegarnos y actuar activamente en la transformación de una cultura misógina a una cultura envolvente y equitativa.
“Sí hay un problema de leyes”, afirma María de la Luz Estrada, integrante del OCNF: “el asunto es cómo las aplicamos y cómo se transforma el acceso a la justicia”.

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