Jairo Calixto Albarrán
Mientras conducía a toda velocidad mi Lamborghini fiusha con la actitud de una lady de Polanco injertada con un legislador con seis días de puente del río a la alameda, caí en cuenta de que puedes tener todo fríamente calculado y siempre habrá un pendejo que llegue a echarlo todo a perder.
Le pasó al Tibio Muñoz, otrora héroe deportivo convertido en un burocratota del deporte en el COM que, mientras regañaba hipócritamente a la admirable clavadista Paola Espinosa por no portar el uniforme del patrocinador del equipo mexicano, tuvo que reconocer que su hermano traficaba con boletos a las afueras de los estadios. Y lo único que pudo decir como si fuera cualquiera de los Salinas, es que todos tenemos un hermano incómodo. Grandes representantes de orgullo del nepotismo del patriarca en su otoño. Unos se instalan en la acumulación originaria de sobrenombres y alias, otros revenden tickets, otros se dedican a la bien remunerada tarea de la venta de quesos en los casinos.
Por eso reitero la propuesta —que ojalá sea incluida en lo que queda de la reforma política a la que dejaron cual cadáver bajo un ataque de zombis rabiosos de Atlacomulco— de que todo aspirante a funcionario tiene que acreditar su condición de hijo único.
Eso, o tener respuestas inteligentes, prudentes y bien pensadas como las del gobierno estadunidense que, para aliviar los resquemores por la operación Rápido y furioso como símbolo de la desconfianza, elogiaron a la Secretaría de Marina por la manera en que ha contribuido a la lucha contra el crimen organizado.
No fuera a ser que la gente pensara que el gobierno de Obama no le cree al de Jelipillo cuando afirma que atrapará al Chapo vivo o muerto.
¿Qué se logrará primero, lo del Chapo, que se termine la Estela de Luz, o que se le cumpla el sueño a Marchelo Ebrard de debatir con el Dorian Gel Peñanieto?
Claro que para los hermanos incómodos también se puede recurrir al método del circo Moreira Hermanos. Primero te declaras víctima de una guerra política en tu contra y, sin pruebas que te exculpen, exiges justicia y, de paso, haces un llamado para que se arme una fiscalía especial que investigue el desfalco a Coahuila (cómo estará la cosa que a varios edificios del gobierno local les cortaron la luz). Para ello, por supuesto, ya tienes que tener listo un chivo expiatorio de altos ingresos como el ex secretario del Tesoro de don Humbert Humbert, el señor Villarreal, que pagó nomás 10 mdp de fianza.
En esto de los hermanos incómodos pasa lo que con Vázquez Raña en la clausura de los Juegos Papapanamericanos: en la lógica de Chente Fernández, entre más le chiflaban, más rollo inconexo tiraba... Mi Lamborghini fiusha ya no es lo que era...
Le pasó al Tibio Muñoz, otrora héroe deportivo convertido en un burocratota del deporte en el COM que, mientras regañaba hipócritamente a la admirable clavadista Paola Espinosa por no portar el uniforme del patrocinador del equipo mexicano, tuvo que reconocer que su hermano traficaba con boletos a las afueras de los estadios. Y lo único que pudo decir como si fuera cualquiera de los Salinas, es que todos tenemos un hermano incómodo. Grandes representantes de orgullo del nepotismo del patriarca en su otoño. Unos se instalan en la acumulación originaria de sobrenombres y alias, otros revenden tickets, otros se dedican a la bien remunerada tarea de la venta de quesos en los casinos.
Por eso reitero la propuesta —que ojalá sea incluida en lo que queda de la reforma política a la que dejaron cual cadáver bajo un ataque de zombis rabiosos de Atlacomulco— de que todo aspirante a funcionario tiene que acreditar su condición de hijo único.
Eso, o tener respuestas inteligentes, prudentes y bien pensadas como las del gobierno estadunidense que, para aliviar los resquemores por la operación Rápido y furioso como símbolo de la desconfianza, elogiaron a la Secretaría de Marina por la manera en que ha contribuido a la lucha contra el crimen organizado.
No fuera a ser que la gente pensara que el gobierno de Obama no le cree al de Jelipillo cuando afirma que atrapará al Chapo vivo o muerto.
¿Qué se logrará primero, lo del Chapo, que se termine la Estela de Luz, o que se le cumpla el sueño a Marchelo Ebrard de debatir con el Dorian Gel Peñanieto?
Claro que para los hermanos incómodos también se puede recurrir al método del circo Moreira Hermanos. Primero te declaras víctima de una guerra política en tu contra y, sin pruebas que te exculpen, exiges justicia y, de paso, haces un llamado para que se arme una fiscalía especial que investigue el desfalco a Coahuila (cómo estará la cosa que a varios edificios del gobierno local les cortaron la luz). Para ello, por supuesto, ya tienes que tener listo un chivo expiatorio de altos ingresos como el ex secretario del Tesoro de don Humbert Humbert, el señor Villarreal, que pagó nomás 10 mdp de fianza.
En esto de los hermanos incómodos pasa lo que con Vázquez Raña en la clausura de los Juegos Papapanamericanos: en la lógica de Chente Fernández, entre más le chiflaban, más rollo inconexo tiraba... Mi Lamborghini fiusha ya no es lo que era...
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