jueves, 1 de diciembre de 2011

El mundo como es

Por azar, llegué ayer a esta grabación en donde se oye un debate entre Netzaí Sandoval y Gerardo Laveaga.

Netzaí no parece contundente en sus argumentos, pero esto creo que se deba más –y espero- a una cuestión de temperamento y de experiencia con los medios, que a una cuestión de convicción. Laveaga no lo parece más; eso sí, su lenguaje es poderoso.

Pero su lenguaje exige acotar -en la realidad- las formas en que puede ocurrir el crimen sistematizado. Como si se precisara de una “guerra” o de la proclamación formal de algún estado de excepción -o sea, de una palabra- para la prosecución de dichos crímenes. (Piénsese en la dictadura Argentina y sus desaparecidos a modo de contraejemplo). Bien sabe Laveaga que la formalidad que él exige -o bueno, la que exige la CPI- para considerar como crímenes de lesa humanidad a los documentados en la demanda no sólo son realidad material sino parte de un formalismo, de un código y un discurso que Calderón ha venido machacándonos desde el inicio de su mandato; no por ponerle jiribilla al enunciado, pero fue a Calderón a quien hace algunos años se le antojó declararle la “guerra” al narco.

Por cierto, igual que Calderón, Hugo Chávez tiene ahora una denuncia ante la CPI. Pero Chávez no es Calderón. Calderón es un demócrata, Chávez no lo es (son déspotas del lenguaje como déspotas en general).

Por otra parte, deja Laveaga insatisfecha una duda mía, ¿puede o no Netzaí -y los 23 mil- acusar de lo que se acusa ante la CPI? Y, si no, ¿ante qué corte? Si Laveaga se siente tan naturalmente solidario ante el gesto de Netzaí, ¿por qué no nos hace el favor completo y nos dice, aquí en México, cómo le hacemos para que corra la demanda? ¿Qué código -cuál artículo- nos permitiría demandar penalmente a Felipe Calderón y a ciertas fracciones del ejército mexicano por crímenes de lesa humanidad? ¿Ante qué corte?, ¿ante la que se negó a dar transparencia al proceso electoral de 2006 y por cuya negativa ahora muchos -y con mucha certeza- decimos que esa elección se ganó a la sombra de un fraude?, ¿o ante la que deja indemne al liberal Krauze frente a los dicterios que difunde vía sus Letras Libres?, ¿o ante alguno de los tribunales a los que se dirigieran alguna vez Marisela Escobedo o Nepomuceno Moreno -y esto es todo lo que sabemos- en búsqueda de justicia para sus hijos asesinados para, después, ser ellos mismos asesinados durante tales búsquedas? 

Podrá invocar Laveaga toda la retahíla de artículos de la sacrosantísima ley que alumbra al mundo, pero el mundo seguirá siendo como es; y este mundo –como es- incluye a un México gobernado por un régimen reaccionario que ha vulnerado la integridad física de varios de sus miembros en el marco de su actuar colaboracionista al régimen del país del Norte.

No sé cuáles vayan a ser las lagunas jurídicas en el documento de Netzaí –si las hay. Sí sé que él intenta caracterizar, allí, crímenes que no aparecen tipificados en la ley mexicana y, entonces -ante ese hueco legal- recurrir a La Haya. No me va a extrañar que no procediera su demanda, pero en el simple gesto, en todas las energías que él ha estado movilizando en este asunto, el hecho de movernos a muchos a su firma, el apelar a un canal todavía legal buscando evitar el otro canal, ya nada más por eso, me parece un gesto heroico. Ojalá personas continúen firmando; ante dicha posible convocatoria, las probables lagunas jurídicas en el escrito se reducirían a ser cuestión  de formalidad, ese transcurrir del mundo que, por ene razones, no podría desdeñar aquí ni en ninguna parte.

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