Pancho Villa (@PanchoVillaXXI)
Necesitamos acostumbrarnos a un México nuevo que se manifiesta a partir del domingo pasado, en el que los resultados electorales dieron un vuelco sorprendente a lo que todo mundo esperaba. ¿Qué esperaba? Que el PRI se alzara con el carro completo, pero esto no sucedió como lo demuestran los resultados de Oaxaca, Puebla, y Sinaloa, y como lo demuestra la elección en capilla de Durango.Detrás de esta expectativa colectiva estaba la fuerza de TELEVISA, y sus encuestadores y los treinta hombres más ricos de México que deciden cupularmente lo que nos conviene como país y a ellos. Esto se dio y lo permitimos, gracias a la polarización absurda que por décadas ha sido machacada e inducida como lavativa al mexicano: una tesis sobre la inevitable guerra de clases, de ricos contra pobres, izquierdas contra derechas, resultando en una parálisis que impide buscar y encontrar lo que todo mexicano sueña. Es decir, se nos ha inculcado la discordia, el odio y el resentimiento de unos contra otros como la forma de ser y de vivir en México, mientras las élites se surten con la cuchara grande de la riqueza nacional y cancelan nuestras libertades.
Calderon y las alianzas...
El Felipe Calderón que yo conocí en Monterrey hace muchos años, era un joven idealista, apasionado y creyente de que todo aquel mexicano que él veía era un panista de corazón. Recuerdo en una ocasión que coincidimos en un taxi del aeropuerto al hotel Fiesta Americana hace muchos años (por cierto no llegó por él, el ahora titular de la SCT en NL). Durante esos 45 minutos de trayecto me quedé asombrado, ya que ni Conchello ni el Maquio a quienes también conocí personalmente, sentían el fervor y la pasión por la doctrina del PAN que le inculcó a Felipe su padrino ideológico Carlos Castillo Peraza. Ese joven no se parecía en nada, al hombre que llega de noche a Los Pinos (por cierto, con una elección que debo yo reconocer, la ganó Andrés Manuel López Obrador) y se encuentra con que al voltear a ver cuántos panistas había detrás de él, como los niños héroes en el Palacio de Chapultepec, se da cuenta que está solo; que el PAN que él visualizó no existía; que las grandes masas panistas no estuvieron allí para apoyarlo; y que solo se encontraba rodeado por un grupo muy pequeño de amigos y cercanos colaboradores, además de los miembros del 11avo Batallón de Asalto de Guardias Presidenciales asignados a la seguridad presidencial. Y esto me hace recordar aquella frase imborrable de Juan Camilo Mouriño, que dijo que si por él fuera, el presidente se vestiría así todos los días, refiriéndose a la foto en la que aparecía con su uniforme como comandante supremo de las fuerzas armadas. Es decir, el Felipe que se refugió 20 años en el PAN pensando que allí y solo allí radicaba el futuro de México, ahora se refugiaba en la protección del ejército y fuerzas armadas para: primero, sobrevivir literalmente, y segundo darle sentido a su mandato como presidente.
¿A qué me refiero? A que las grandes masas en el PAN solo existieron como un sueño, un ideal en el corazón de Felipe y Castillo y próceres panistas, como Gómez Morín, y es que las únicas dos elecciones presidenciales en que el PAN ha llegado a Los Pinos no fueron gracias al esfuerzo de las grandes masas panistas. Vicente Fox no llegó a través de la estructura panista existente, llegó por el esfuerzo paralelo de un grupo de ciudadanos que vieron la oportunidad y la tomaron, empujando a Vicente más allá de su capacidad e inteligencia, bajo la premisa de que ese hombre ---con todos sus defectos--- sería mucho mejor que la continuación de un PRI ensoberbecido y corrupto más allá de toda redención. Insisto, el PAN no fue el factor sino simplemente el membrete y el registro que el movimiento ciudadano (Amigos de Fox) escogió.
¿Quién le aconsejo a Felipe Calderon las alianzas? No es importante... Hoy las alianzas tienen muchos padres y madres, pero es mi opinión que el hombre que se lleva el gran mérito de ellas es él, quien las autorizó y entendió que México no puede progresar confrontado y polarizado... y demostró que podemos trabajar con éxito, izquierdas y derechas cuando tenemos un mismo objetivo.
Ahora, esas masas invisibles que hicieron el milagro con Vicente y con Andrés Manuel, han hecho lo mismo en el momento en que le presentan la opción de las alianzas. Se repite el fenómeno del 2000 y el 2006 cuando la gente ---contrario a toda la inercia y expectativas, dinero, encuestas, manipulaciones televisivas, noticieros, gobernadores comprando votos y todos los etcéteras que caben en este país, con elecciones supuestamente pridestinadas--- resurge como milagrosa Ave Fénix. Así la población, a pesar de candidatos asesinados y un ambiente hostil provocado por el narco y en complicidad de gobernadores, para ahuyentar a los votantes de las urnas, hace el milagro.
¿Y por qué digo milagro? Porque es inexplicable la partida de madre que la población le dio, sin ponerse de acuerdo, al sistema del que hablábamos al principio, a esos poderes fácticos que siguen creyendo que nos pueden tener eternamente con la pata en el pescuezo.
Este milagro, yo lo entiendo como el rompimiento del México de hoy con el México del pasado. El México de hoy está dispuesto a romper con el México del odio, del resentimiento y de la confrontación. Porque estas alianzas "contra natura" como muchos editorialistas y pensadores las han llamado, literalmente se convirtieron en un ejemplo del poder del hambre, de la inseguridad, del miedo por un lado y de la esperanza y la ilusión por el otro. Por un México mejor, México se olvidó de izquierdas y derechas, de PRDs y de PANes y solamente pensó ---como siempre debimos haber pensado--- que no hay mejores ni peores que solo somos mexicanos con una identidad muy especial: de un México que exige corregir el rumbo. Decidimos todos que había un enemigo común sin habernos puesto de acuerdo. Ese enemigo común lo identificamos no solamente como un partido sino como todos aquéllos que nos trajeron y nos mantienen en esta crisis de desempleo, de violencia, en un país de desigualdades en la justicia y en las oportunidades.
Unos quieren mantenernos divididos y otros quieren darnos esperanza. México votó por los últimos.
Esta elección es un referéndum sobre si era deseable regresar al PRI del pasado con su estilo autoritario, tipo Oaxaca y/o su versión moderna representada por Enrique Peña Nieto y la Gaviota que se placearon por todo el país todos los días como emblema del nuevo tricolor.
Mexico habló fuerte y claro que NO regresará al pasado..
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