Me pregunto si, cuando era niño, el gobernador del estado, el panista Emilio González Márquez alguna vez mandó a calacas en las canicas. Porque si no lo hizo, una de dos: o era muy malo para el juego o nunca jugó chiras pelas. A años luz de los días de la infancia, hoy, al mandatario parece que no le sale mandar a calacas el conflicto que trae con la Universidad de Guadalajara (UdeG).
La última jugarreta de Emilio, lanzar un comunicado en el que satanizó el hecho de que un par de estudiantes de la preparatoria dejaran el martes pasado un par de calaveras al estilo Posada en Casa Jalisco, no tiene precio. Para todo lo demás…bueno, el aparato de comunicación social del gobierno estatal que dirige el derechista Héctor Moreno. El sello de un comunicado, como emanado del mismo Yunque, fue la cortina de humo con la que la administración emilista pretendió dar un viraje a un asunto planteado por la casa de estudios: más recursos.
Serán muy cuestionables y válidos a la vez los posicionamientos de los funcionarios estatales que han desfilado por redacciones, estaciones de radio y televisoras, desatados contra el que hasta antes era una especie de innombrable en Casa Jalisco, Raúl Padilla López.
Pero el rollo de las calaveritas fue más que un absurdo. En tiempos de una lucha contra el narcotráfico no solicitada por el Ejecutivo federal, lanzar declaraciones mágico-religiosas contra un par de calaveritas puede resultar un tanto peligroso. Habrá que recordar cómo le fue a Felipe Calderón cuando se le ocurrió decir que la matanza de jóvenes en Chihuahua en el primer trimestre del año se debió a que eran “delincuentes”. Así le ha ido al pobre hombre que ocupa –o usurpa– la silla presidencial: madres, familiares, amigos, hermanos de aquellos jóvenes asesinados le han increpado cada vez que pueden.
Las declaraciones de González Márquez son repulsivas, aberrantes y tratan de criminalizar, de nueva cuenta, la protesta social sea de la Universidad o de organizaciones no gubernamentales. ¿Cuántas veces, ante la ola de protestas, el gobierno no cocina versiones tontas para querer salirse lo más rápido de un asunto que se les escapa de las manos? La mayoría de las veces. Ha sucedido con los afectados por la contaminación de El Salto y Juanacatlán; con los que se han opuesto al Macrobús; contra aquellos que detestaron la macrolimosna… la lista es enorme.
“Yo no puedo pensar que quien está agrediendo con una mano, con la otra mano entregue un regalo; yo no puedo pensar eso (…) Me parecería algo difícil de entender que alguien esté ofendiendo a mi familia y al mismo tiempo quiera obsequiarme algo de buena voluntad, y lo que sí te puedo decir es que los grupos delictivos envían ese tipo de regalos, que asemejan a la Santa Muerte, a quienes les están diciendo que los van a matar”, fueron las palabras de Emilio el miércoles 22. Y luego, el procurador estatal Tomás Coronado Olmos, el jueves 23, salió como Sancho Panza a defender al quijotesco González Márquez. La vida de su patrón está en riesgo según el fiscal estatal. ¡Vaya tarea de inteligencia! Un par de calaveritas mandaron a calacas al Gobierno del Estado.
La casa paga
El 23 de marzo de 2008, La Jornada Jalisco dio a conocer sobre el culto a la Santa Muerte en Guadalajara. La “flaquita, la florecita, la niña, la santa”, como la llaman sus adoradores, ofrece lo que cualquier santo, de acuerdo con el presbítero de la iglesia –ubicada en las Juntas en Tlaquepaque–, Juan Díaz Parroquín.
“La Iglesia católica nos sataniza”, comentó en esa ocasión Díaz Parroquín quien detalló que a la Santa Muerte, sus fieles le piden lo mismo que a San Judas Tadeo o a la virgen de Zapopan: trabajo, armonía, salud.
“Siempre nos han atacado, nos tachan de diabólicos. De un tiempo para acá, la gente ha decidido, como dicen en el argot de los gays, salir del clóset, se ha ido manifestando, enfrentando el qué dirán, la burla. Sí, es gente de convicción, de fe”, mencionó en aquella ocasión el hombr
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