EMILIO ALVAREZ ICAZA

La situación de la libertad de expresión en México está en una aguda crisis. Homicidios, levantones, desapariciones, secuestros, golpizas, ataques a/o delante de familiares, granadazos, tiroteos, amenazas cumplidas y pendientes no son un catálogo de delitos y prácticas de las más oscuras etapas del autoritarismo mexicano, son sólo parte de una larga y patética lista de ataques que están viviendo los periodistas y medios de comunicación de este país.
Y ante esto, la respuesta del Estado mexicano ha tenido dos características principales: a) Teflónica. Nos ha brindado joyas y perlas del “bateo” y del resbale, en el mejor estilo de la cultura teflónica y de endose de la problemática a los periodistas, a saber: “Es que es un asunto personal”, “es que estaba vinculado al crimen”, “en realidad no eran periodistas (sólo eran mujeres dos indígenas de una radio comunitaria)”, “es que el tema no está claro, hay cosas muy raras…”
La reciente intervención de Alejandro Poiré, a quien se le reconoce como uno de los hombres más inteligentes cercanos al Presidente, en relación al editorial de El Diario de Juárez es sólo una muestra de esto; b) Incapacidad e ineptitud institucional. La extraordinariamente deficiente actuación en materia de prevención del delito y procuración, administración e impartición de justicia para castigar a los responsables de los delitos en contra de comunicadores y medios; el reino de la impunidad. El buque insignia del desastre institucional lo representa la patética actuación de las fiscalías responsables del tema en la PGR, sin menoscabo del desastre en algunos estados como Chihuahua.Y es que justamente la impunidad imperante genera más violencia y más delitos. Los periodistas viven una realidad en la que las amenazas se cumplen. Se construye así una auténtica espiral de destrucción y muerte. No se asume que mientras no haya culpables por los delitos en contra de periodistas y medios de comunicación, más se afecta nuestra democracia.
Así la moraleja es: se es periodista o se ejerce el periodismo (individual o colectivamente) por cuenta y riesgo, el Estado está ausente, como exhibió El Diario de Juárez en su dramático editorial.
La oferta, una vez más, de la federalización de los delitos en contra de periodistas, así como el anuncio de un programa de protección a periodistas para octubre, dan alguna luz en medio de esta oscuridad. Se precisan urgentemente acciones decididas que cambien la situación. Mientras más se tarde esta respuesta, más vidas se perderán.
PARÉNTESIS: Ni una línea…, ni una mención dedicó el vocero gubernamental en su conferencia a los familiares de los periodistas atacados de El Diario de Juárez . Tampoco una línea de condolencia al periódico… Derroche de sensibilidad.
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