Por José Dolores Mártir.
Hecha la redistribución de territorios y responsabilidades, en ausencia de Carlos Ramírez, Enrique Alfaro Anguiano quedó como Secretario General de la Universidad, y, como dicen los militares, "de imaginaria" (el turno de guardia que sigue) para acceder a la Rectoría después de Zambrano Villa. Pero su situación de fuerza e influencia en las bases universitarias era escasa. Contaba nada más con la prepa cuatro como posición, porque en 1972, había perdido la Prepa Nocturna "José Parres Arias", cuando su compadre, el Lic.Juan Hernández Rivas, había sido destituído de la dirección por indisciplina y desobediencia a las indicaciones del líder Carlos Ramírez, cuando se le indicó abrirme las puertas de la prepa y llenarme de horas clase, y él sólo me dió una hora a la semana. Perdida esa posición, la prepa nocturna pasó a control político de Genaro Cornejo Cornejo, al tomar la dirección uno de sus seguidores: el Lic. Cenobio Guzmán Robles. Por esa razón de debilidad, Enrique Alfaro se lió en conflicto con Raúl Padilla López, disputándole el control del sindicato de trabajadores administrativos y de servicio. Padilla López, defendió caninamente esa posición. Durante una cena en el restaurante japonés "Suéhiro", Horacio García Pérez, me comentaba que el asunto era fuerte, porque Raul era muy apegado a sus dominios y que era capaz de defender con rabia, hasta una cuchara, considerada suya... En estos casos de conflicto, las acusaciones habituales eran por corrupción o simplemente robo. Pero nadie podía erigirse en modelo de conducta honesta, es decir, nadie tenía autoridad moral para hacerlo. Alfaro ganó el pleito, pero eso puso en el bimbalete sus posiblidades de acceder a la Rectoría. Después de un período de intenso estira y afloja, el "chico malo" que era Alfaro, cambió su estatus moral y político a cambio de que reconociera el liderazgo de Alvaro Ramírez, quien le advertía que debía prepararse para ser Rector, es decir, debía ponerse a estudiar para ello. Una vez perdonado y convertido en "chico bueno", a pesar de que Alfaro en su ínterín, nunca reconoció capacidad ni liderazgo a Alvaro Ramírez, tuvo que aceptar esa carga, si quería seguir pavimentando el camino hacia la Rectoría. LLEGADO EL MOMENTO, FUIMOS COMISIONADOS ALEJANDRO GASCON Y YO, PARA COMUNICAR A ENRIQUE ALFARO, EN SU CASA, LA BUENA NUEVA. A partir de ese momento, Enrique Alfaro sintió que la Vírgen le hablaba y comenzó a perder parcialmente el piso. Comenzó a prometer cosas a mucha gente. A mí me ofreció una plaza de asesor, pero que no me vieran por sus oficinas. Yo trabajaría en mis tareas de investigación en la biblioteca de mi casa. Rectoría me dotaría de algunos muebles para ello, y periódicamente le entregaría materiales útiles para sus labores de Rector. Desgraciadamente esto no pudo llevarse a cabo como se planeó originalmente, porque el resto de sus asesores estaba formado por gentes celosas de mi presencia intelectual en la Universidad, mezquinas e intrigantes. Todas ellas saturadas de las formas corporativas de control político. El Lic. Rosas, por ejemplo, era uno de esos asesores que, pasó a ser, por instrucciones de Alfaro, de Secretario y luego Director de la Prepa Tres, a Secretario General del Sindicato de Trabajadores Administrativos y de Servicio de la Universidad. ¡De patrón a líder sindical, ni más ni menos! ¿Puede darse mejor ejemplo de corporativismo?
Sin embargo, todo esto tiene una explicación nada compleja. ¿En dónde iban a aprender formas democráticas de la vida social y política todas estas gentes? ¿Quién se las iba a enseñar? Si toda actividad participativa se había dado en un ambiente corporativo, como elementos que fueron siempre de un grupo de presión del PRI, entonces, ¿de dónde iban a sacar modelos de trabajo democrático para desarrollar paralelamente tanto a la organización como sus mismos proyectos y ambiciones personales? Yo fuí testigo de una conversación entre Enrique Alfaro, como Secretario General de la Universidad, y Felix Flores Gómez, como diputado federal. Acababa de pasar una votación en la Cámara, de esas que para nada dignifican al Poder Legislativo y, claro, Félix votó a favor, como se lo ordenaron sus patrones políticos. Alfaro le reprendió: "-Y, ¿tú no sentiste pena o ñáñaras al votar así?... Entonces Félix Flores contestó con una sonrisa socarrona: "-Bueno, yo sabía lo que estaba haciendo. Pero, DE NO HACERLO ASÍ, ¿TÚ ME DARÍAS LOS SESENTA MIL PESOS MENSUALES DE MI DIETA?... Entonces los dos rieron de buena gana, como diciendo: "-Pues, sí...¡ni modo!... Y ese es el espíritu de la disciplina corporativa, (priista): someterse y humillarse a cambio de salarios elevados y algunos otros privilegios que el poder político y económico proporciona. Renunciar a la condición de Hombre (así, con mayúscula), para quedar en el papel de simple engranaje de la maquinaria corporativa, cuyo operador máximo es el Presidente de la República. Enrique Alfaro nunca fue un intelectual. De muy mediana cultura, simplemente fue hábil para mantenerse a flote en situaciones críticas (no hay que olvidar que era Presidente de la FEG durante el conflicto social-estudiantil de 1968) y luego fue hábil para aprovechar las inercias de su medio para ascender en la escala del poder universitario. Horas antes de tomar posesión como Rector, se dió una situación que vale la pena recordar, porque ayuda a dibujar su personalidad con mucha claridad. Yo le hacía sus discursos para los eventos que, como funcionario, tenía que cubrir. Probablemente no era el único que lo apoyara con eso, pero sí era mi cliente frecuente. En más de un par de ocasiones me invitó una copa o una comida, para pedirme apoyo. Otras veces me visitaba en casa para ello. Pero un día paseaba por el Hotel universitario de Villa Primavera, acompañando al Lic. Salvador Castañeda O'Connor, que era diputado federal. Fortuitamente nos encontramos con Enrique Alfaro, mismo que se apresuró a saludar a mi esposa. Después hice las presentaciones protocolarias. Extrañamente, Alfaro se apartó un poco de nosotros con mi esposa, a la cual le prometió que, a las pocas horas de haber tomado la responsabilidad de la Rectoría, haría cambios importantes y que yo iba a quedar muy bien colocado. Mi esposa escuchaba extrañada tales expresiones, y no comprendía por qué se había apartado de nosotros para decírle esas cosas a ella en particular... Pasaron los días y Alfaro, ya Rector, no se comunicaba conmigo para nada. Hasta que, varias semanas más tarde le hablé para preguntarle cuál era la perspectiva de los planes que antiguamente habíamos comentado. Me contestó balbuceante, nervioso y apocado. Me dijo que debía pasar un poco de tiempo para volver sobre esos planes... que debía dejárseme ver poco a poco en los actos en donde él estuviera, "para ir acostumbrando a la gente a verme como persona afín a su administración, y que ya luego"..., etc. Dada la oportunidad, le conté todos estos hechos y situaciones a Alejandro Gascón, en una de sus tantas visitas a mi casa, habilitada como su cuartel general. Gascón movió negativamente la cabeza y pidió comunicación telefónica con el Rector. Alejandro le pidió una cita a la que concurrimos ambos. De esa conversación resultó mi nombramiento como asesor de Rectoría. Pero yo nunca recibí documento alguno que me acreditase como tal, ni firmé protesta alguna, como es normal en estos casos. Recibí mi primer cheque como asesor, y yo preparaba materiales de investigación para la Rectoría; Oscar Raúl Santos Ascencio, me los recibía, (era el Secretario Particular) pero, extrañamente el Rector ya no me recibía en su despacho. A los noventa días de esta situación, dejé de llevarle material porque ya no fue posible verlo y por ello dejé de recoger mis cheques de asesor. Seguramente Alfaro, lento para comprender de estrategias y tácticas, no se percató de ello, porque en el aniversario de la fundación de la Prepa Dos Nocturna, de la cual había sido yo director, además de que no fuí invitado a la celebración, el Rector Alfaro me acusó de aviador, es decir, de estar cobrando como asesor, sin trabajar... ¡Sopese el lector la honestidad y la sinceridad de esta gente del ambiente corporativo!... Lo que ocurría en la realidad, es que , al estar cobrando mi cheque como asesor, Alfaro hacía caso omiso de mis investigaciones y materiales de apoyo a su gestión, y dejaba de concederme audiencias porque, según él, ¡YO YA ESTABA BAJO SU CONTROL!
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