viernes, 28 de enero de 2011

Emilio, precandidato

EDUARDO GONZÁLEZ VELÁZQUEZ

Arrancó el año electoral 2012, y con ello los “presidenciables” comienzan a moverse para no quedar fuera de la foto. Se cuidan las formas, aunque no el fondo, para el autodestape. Nadie se descarta, pero abiertamente tampoco se apunta. Todos buscan comenzar a cerrar sus ejercicios de gobierno y dejar, cuando llegue el momento, al caporal de confianza al frente de su administración. Otros más podrán concluir su gobierno y dar paso al elegido por ellos para continuar su obra. Todos se sienten con los atributos necesarios, con la altura suficiente y el derecho ciudadano para contender por la candidatura de su partido rumbo a Los Pinos el año entrante. Los recursos públicos comienzan a canalizarse a las precampañas electorales, si bien prohibidas por el Instituto Federal Electoral, perfectamente aprovechables a consecuencia de los huecos en la legislación electoral. La obra pública se pinta con tonalidades futuristas que aseguren el beneficio de las “bases” sociales del partido.
En este contexto el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, ya se apuntó en la lista. Fue en España, en su gira para promocionar los Juegos Panamericanos dentro de la Feria Internacional de Turismo, que a pregunta expresa de la prensa aseguró que él es uno de los precandidatos que tiene el PAN para mantenerse en la presidencia de la república el año que viene. Ya de regreso, lo mismo en Guadalajara que en el municipio de Tala, o en el estado de Durango, mantuvo su postura de no descartarse, aunque tampoco “me apunto a la candidatura presidencial”, remató al más puro estilo echeverrista de los años setenta. Incluso en varias entrevistas concedidas esta misma semana a medios locales y nacionales continuó afirmando que el PRD y el PRI “ya tienen candidato electo”, pero que en el PAN hace falta más camino que recorrer, y que en ese trayecto aparecen varios aspirantes, entre ellos él.
Fue en abril de 2008 cuando pasado de alcoholes, el gobernador le mentó la madre a los jaliscienses que no estaban de acuerdo con algunas de las acciones que emprendía su gobierno, como la macrolimosna para la construcción del Santuario de los Mártires Cristeros; o la aportación de 67 millones de pesos a Televisa para realizar el evento Espacio 2007 en Guadalajara; o la donación de un millón de pesos para la remodelación de la catedral de Yahualica; o los 15 millones de pesos para el Banco Diocesano de Alimentos, o la entrega de millones más al Teletón, a telenovelas, y concursos de Televisa y TV Azteca, y a empresas del sector privado como Expo Guadalajara y Flextronics. En ese momento yo afirmé que a pesar de ello, y de varias barbaridades más que había cometido (y que sigue cometiendo desde Casa Jalisco) buscaría la precandidatura del PAN a la presidencia de la república. Y no sólo eso, sino que muchos jaliscienses estarían orgullosos de ello y ofrecerían su respaldo a González Márquez. En su momento muchos se negaron a ver esa realidad. Todo era cuestión de tiempo: Emilio González Márquez ya se siente precandidato, habla como precandidato, ofrece entrevistas como precandidato, inaugura obras como precandidato, realiza giras de “trabajo” a otros estados de la república como precandidato, se promociona como precandidato, utiliza los Juegos Panamericanos para proyectar su imagen más allá del estado de Jalisco. Aunque diga que los tiempos políticos son para trabajar por el gobierno estatal, sus planes y pensamientos apuntan a la candidatura presidencial de Acción Nacional.
Desde luego que Emilio González tiene todo el derecho de buscar la candidatura presidencial de su partido, pero en ese mismo tenor la sociedad jalisciense tiene la obligación de no olvidar los desfiguros políticos cometidos por González Márquez a su paso por la presidencia de Guadalajara y el gobierno del estado, y así hacer el esfuerzo de engordar la flaca memoria histórica que suele tener nuestra sociedad. Sólo con ello podremos evitar que la clase política continúe expoliando los recursos de la población en beneficio personal. Sólo así podremos vencer la ofensiva desmemoria que nos ha llevado a tener una clase política que utiliza los espacios de gobierno como cotos de poder patrimonial. A no dudar, se impone vencer el lastre de la desmemoria en beneficio de la sociedad.
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 : ¡GULP!

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