Si en Casa Jalisco se empecinan (como ocurre en Los Pinos) de pretender convertir el tema de la inseguridad en un asunto de percepción, pues sencillamente ¡estamos fritos!
Los responsables de la seguridad en el estado, empezando por el gobernador Emilio González Márquez, deberían ser más sensibles, acercarse más a los ciudadanos y asumir que esta crisis –que no la relatan a diario sólo los medios de comunicación locales, sino que preocupa y es motivo de alarma para gobiernos de otras naciones– tiene que enfrentarse, no mintiendo ni pretendiendo decir que "aquí no pasa nada", sino asumiendo y reconociendo, de entrada, que la llamada estrategia contra el narcotráfico les falló. No se trata sólo de venir a decirnos que cada ataque, cada muerte, cada atentado obedece a las acciones de la autoridad contra el crimen organizado, pues porque si de eso se tratara únicamente, entonces Calderón y sus flamantes estrategas nos metieron como país en un laberinto sin salida, pues si al discurso oficial nos atenemos, resulta entonces que la capacidad de respuesta de la delincuencia no tiene límites, por lo menos a la vista de lo que ha ocurrido en el país.
Ya han demostrado que en su agenda no está la de combatir la delincuencia desde la raíz, es decir, con auténticos programas sociales que disminuyan la pobreza y abran oportunidades de educación, empleo y salud a millones de jóvenes que, en el desamparo por el incumplimiento de las responsabilidades del Estado, se convierten en carne de cañón de los grupos criminales que operan en el país.
Bueno, pues si no le van a entrar de fondo al problema, que por lo menos no pretendan ocultar la realidad.
Las muertes, los atentados, las balaceras, los granadazos, los camiones incendiados en las avenidas no son un asunto de percepción. Lastimosamente, son reales.
¡Ah! Y por cierto, ¿también es mera percepción la falta de coordinación que han mostrado para definir una agenda común de prevención y vigilancia en las calles? ¿También es mera percepción que sólo se ocupan del tema de la inseguridad en las coyunturas?
¿También es mera percepción que andan más ocupados en los escaparates y pre-precandidaturas?
Tan lejos, tan cerca
Primero se nos dijo que Jalisco estaba muy lejos de padecer las acciones violentas que otras ciudades del país estaban sufriendo. Aquí todo estaba bajo control, el gobernador presumía que las acciones ejecutadas por los cuerpos de seguridad estatales mantenían a la entidad como un oasis de tranquilidad y cuando se comenzaron a denunciar algunos golpes de grupos delictivos en las fronteras de Jalisco se les minimizó con el argumento de que eran escaramuzas aisladas por parte de delincuentes que no se atrevían a ingresar de lleno en el estado. Hagan de cuenta los villistas cuando se metieron de pisa y corre a Estados Unidos.
Después, la excusa fue que si bien habían comenzado las ejecuciones y los enfrentamientos, ya no sólo en los límites del estado sino en municipios más cercanos a la Zona Metropolitana de Guadalajara, se trataba de un efecto cucaracha, narcotraficantes que huían de los estados vecinos, eso sí, donde las autoridades no podían controlar a los delincuentes; el efecto sería pasajero, los malhechores serían aprehendidos por la justicia jalisciense y pagarían sus fechorías en la cárcel.
De pronto, ya no eran parte de un efecto cucaracha. De la noche a la mañana los poquitos se convirtieron en muchitos que ahora se disputaban la plaza (y nunca nos dijeron que aquí era plaza). De golpe y porrazo pasamos de ser un oasis a un fuerte de la legión extranjera que quería ser tomado por los pillos. Incluso el gobernador un día se dio cuenta de que habían matado a un gran capo del que él nunca había sabido que vivía aquí (a diferencia de los vecinos de Colinas de San Javier).
Se incrementaron las muertes, pero el gobernador y su secretario de Gobierno se justificaron diciendo que los malosos se estaban matando entre ellos. No había bronca, solitos se iban a exterminar.
Cayeron entonces las víctimas inocentes, llegaron los daños colaterales; bueno, dijeron nuestras autoridades, por lo menos aquí no estamos como en el norte del país donde los narcos toman las carreteras a su antojo. Y el día que eso sucedió, se trató de un hecho aislado, cometido por un grupo delictivo que pasó de la noche a la mañana de ser una célula narcomenudistacártel de malos, malosísimos con capacidad logística impresionante. a un
Aparecieron las narcomantas advirtiendo al gobierno, pero se nos invitó a dar la vuelta a la página, a no caer en fatalismos ni en exageraciones. Total, una mantita con faltas de ortografía no asusta a nadie.
Y el martes, se soltó el chamuco y las autoridades estatales, siempre un paso atrás, balbucearon argumentos débiles y se dieron cuenta de que la fuente de los pretextos y las justificaciones se habían agotado y en vez de buscar estrategias para reforzar la seguridad, regañaron a los medios para que no anden publicando esas cosas feas.
Pareciera que el gobierno está más interesado en las apariencias y su preocupación no es la de la sociedad, que sí se encuentra alarmada.
Y como siempre ocurre, la sonrisa del gobernador que es ampliamente difundida en estos días, contrasta con la cara de preocupación de los ciudadanos.
Los pecados de Salinas
En el cabildo tapatío andan muy callados los regidores panistas. ¿La razón? El inminente relevo de Jorge Salinas en la coordinación y las versiones, cada vez con mayor fuerza entre ellos mismos, que el ex diputado local podría ser sujeto de una “rigurosa inspección” por los malos manejos que se le atribuyen en su paso por el Congreso de Jalisco en la legislatura pasada. Parece que lo de Salinas se salió de los estándares permitidos y que por lo mismo su caso ya fue turnado a la dirigencia nacional para tratar de hacer una buena tarea de reparación de daños, sobre todo si se destapa el cochinero que dicen que dejó.
Sobre su relevo, todo apunta que Ricardo Ríos Bojórquez será el nuevo coordinador de los regidores del PAN en Guadalajara.
plazajornada@gmail.com
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