viernes, 28 de octubre de 2011

Las pugnas en la izquierda mexicana

EDUARDO GONZÁLEZ VELÁZQUEZ

En fotografía de archivo, mitin del PRD en la zona metropolitana
En fotografía de archivo, mitin del PRD en la zona metropolitana Foto: FOTO HÉCTOR JESÚS HERNÁNDEZ
Históricamente la izquierda en México ha mantenido luchas intestinas y poco democráticas por el control político de los espacios obtenidos en las contiendas electorales. Además, sus disputas se sustentan en la búsqueda del control del capital político de la militancia variopinta que conforma la
izquierda en nuestro país. Sin importar la denominación del partido que domine el espectro electoral de la izquierda, ni tampoco el “líder” que aparezca como capaz de aglutinar en torno suyo a las “mayorías”, la constante que aparece en la vida de la izquierda partidista de nuestro país es la disputa por el poder y el acceso a los recursos públicos generados por el ejercicio de gobierno.
Si bien la constante es el enfrentamiento sin miramientos ni consideraciones, la intensidad de las “luchas” se ve incrementada de manera considerable en las épocas electorales y al momento que se deben renovar las dirigencias partidistas. Tiempo en el que sobran los políticos que “sí pueden” llevar a cabo una transformación democrática en el país, pero que son incapaces de ejercer una vida democrática al interior de los institutos políticos con denominación de izquierda. Todo ello deja en el imaginario colectivo la sensación de que estos “líderes” sociales, como algunos de ellos se autodenominan, lo único que buscan es continuar conectados a la tubería de los recursos públicos, con el membrete de gobiernos de izquierda.
Estos escenarios de luchas al interior de los partidos de izquierda se han llevado a extremos impensables. Por ejemplo, se establecen alianzas con el Partido Acción Nacional pero apoyando a un candidato emanado del Partido Revolucionario Institucional, que al no obtener la nominación priísta se cambia de camiseta y consigue el apoyo de la “derecha y de la izquierda”, pero una vez en el poder conforma su “equipo de trabajo” con antiguos colaboradores tricolores. Desde luego, una práctica que cada vez se arraiga más en el mayor partido político de izquierda, el de la Revolución Democrática, son los fraudes y cochineros electorales para elegir a su dirigencia. Sea a nivel nacional o en los estados o en el Distrito Federal, lo que más aparece al final de la jornada del sol azteca son los reclamos y las denuncias por lo sucio del proceso electoral. Todo marcado por la lógica del beneficio del recurso público.
En Jalisco asistimos a lamentables y surrealistas puestas en escena por parte del PRD y de los políticos de izquierda. El caso más representativo en estos tiempos electorales es el del presidente municipal de Tlajomulco, Enrique Alfaro Ramírez, quien llegó a ese cargo con las siglas del sol azteca pero que una vez instalado en el palacio municipal renunció a su militancia partidista. Eso en estricto sentido no tiene nada de especial. Lo que llama la atención, y aquí lo surrealista del asunto, es que el primer edil de Tlajomulco se meta en la elección interna del PRD a través de sus “seguidores” para establecer “condiciones adecuadas” que le permitan encabezar un proyecto de izquierda para Jalisco. Enrique Alfaro, como cualquier otro ciudadano, tiene el derecho de buscar la gubernatura del estado, lo que no tiene sentido es que lo quiera hacer a través del partido al que renunció aunque sistemáticamente lo niegue; y no sólo eso, en diversas ocasiones ha manifestado que no le desagradaría ir a la competencia electoral representando otras siglas partidistas, lo cual demuestra nuevamente el interés que existe desde la izquierda mexicana por acomodarse en la función pública antes de pensar en el bienestar de la ciudadanía. Pero hay más, Alfaro y sus seguidores mantienen una abierta disputa por el control del PRD en contra del llamado Grupo Universidad y su patriarca, Raúl Padilla, que por otro lado, tiene metidas las manos lo mismo en el PRD que en el PRI.
Al final del día la izquierda mexicana no mira el bosque por centrarse en el árbol. Pierde de vista que lo importante es trabajar en un proyecto que beneficie a la población y no buscar la manera de obtener o mantener los espacios políticos ganados en beneficio de la burocracia partidista. De no cambiar la esencia en el hacer político por parte del PRD, la izquierda aglutinada en torno a ese instituto más temprano que tarde dejará de ser tomada en cuenta por la ciudadanía como una opción honesta y seria para apuntalar el proceso democrático de nuestro país.
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